Acapulco y la imaginación
La vida sigue. A pesar de los malos gobiernos, de la rapiña y el mal olor, la esperanza escondida en el fondo de los ojos vuelve a brillar y a levantar el ánimo. Más vale ponerse a trabajar para volver a la serenidad de los días ya idos. Desesperanza, desolación, tragedia, todo eso y más se ha vivido en Acapulco y sus alrededores.
Imre Kertész, Premio Nobel de Literatura 2002, afirmó: “Es verdad que las paredes de la cárcel no pueden poner límites a nuestra imaginación”. Frase de Virginia Wolf, pero hay que recordar que la biografía y las circunstancias limitan las opciones. “La imaginación está hecha de convenciones de la memoria. Si yo no tuviera memoria no podría imaginar”. Borges. Y la frase: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, de Ortega y Gasset.
Acapulco y el desgarrador Otis, hoy inseparables en la memoria y la imaginación. Infancias felices correteando en la playa, construyendo castillos de arena. Adolescencias enamoradas de las olas del mar y perturbadoras mareas emocionales. Adultas y adultos saturados de sol y de demandas amorosas. Ancianas y viejos buscando la brisa refrescante.
Las infancias recordarán la fragilidad de la arena ante el viento y el agua y construirán moradas interiores con imaginación surgida del cariño protector o del desapego cruel. Las juventudes recordarán sueños, utopías y delirios, y para crecer con mejores herramientas, pondrán los pies en la tierra, con coraje y determinación, o con enojo y frustración. Las adultas y adultos olvidarán reclamos pasados y emprenderán nuevas rutas con mayor experiencia y algún desengaño, decididos a modificar destinos o, indecisos, con miedo hasta a las sombras. Las y los ancianos recordarán tardes apacibles, mañanas luminosas y noches apasionadas, para seguir insistiendo en que sí es posible levantar la casa y volver a creer, o quedarán apachurrados por su propia cobardía. A cualquier edad, hay un abanico de posibilidades.
La vida sigue. A pesar de los malos gobiernos, de la rapiña y el mal olor, la esperanza escondida en el fondo de los ojos vuelve a brillar y a levantar el ánimo. Más vale ponerse a trabajar para volver a la serenidad de los días ya idos. Desesperanza, desolación, tragedia, todo eso y más se ha vivido en Acapulco y sus alrededores. Los vientos no se llevaron las risas, las memorias y la buena voluntad. Las aguas remojaron ilusiones, encharcaron los caminos y humedecieron las sonrisas. A seguir tirando memorias que agravian.
Para las mujeres, los quehaceres se han incrementado de manera exponencial (nada nuevo) y la violencia las acecha. A construir organizaciones que protejan, que procuren consuelo, que acompañen. A sacar el coraje y el valor para enfrentar, denunciar, para no dejarse, no quedarse calladas y no aceptar la injuria. Recordar e imaginar.
Doña María Francisca, esposa de Calleja, virrey de Nueva España, tuvo que soportar el mal carácter, la ira, el maltrato y las humillaciones del marido. Doña Josefa Sánchez-Barriga, última virreina, no gobernó ni un día. Su esposo muere y la deja sin nada, cual huracán Otis. Dicen que murió en tremendas condiciones de pobreza, esperando una pensión prometida por el gobierno. Ni marido ni gobierno. A valernos por nosotras mismas.
En la Independencia, María Fermina Rivera luchó con hambres terribles, caminos pedregosos, climas ingratos. Murió luchando. María Josefa Martínez comandaba tropas vestida de hombre e infundía terror entre los rancheros. Doña Altagracia Mercado, levantó una división insurgente. Se puso al frente y en una acción se quedó sola, defendiéndose con valor y le perdonaron la vida. Jugarse la vida para ganársela.
(https://inehrm.gob.mx/work/models/inehrm/Resource/1484/1/images/HistMuje...).
La autonomía de las mujeres de Acapulco es uno de los pilares para una reconstrucción inteligente, sensible, resiliente y orientada al cuidado. Levantar Acapulco es deber de memoria, derecho a la imaginación. Nuevas formas de convivencia en comunidad basadas en el respeto a la autonomía, integridad, bienestar y libertad de las mujeres.
Ayudemos a crear un nuevo y digno Acapulco.
