68 años
Tener poder político les ha significado abrir las compuertas de diques legaloides. Con inteligencia, con mesura, con discreción y con muy alto grado de civilidad, han empujado para que la igualdad de derechos avance
Este aniversario se vive con intensidad en México. ¿Quién le iba a decir a aquellas entusiastas participantes en el primer Congreso Feminista en Yucatán o a esas admirables mujeres de Cuicatlán, integrantes del Primer Club Feminista Antireeleccionista, que el voto tardaría en llegar más de 40 años, pero que, aunque el camino seguiría siendo abrupto, la meta a lograr, la Presidencia, estaría al alcance de nuestra mano?
En esos años transcurridos, mujeres admirables, insumisas y decididas, han puesto su vida y su pasión para modificar estructuras discriminatorias contra nosotras. Tener poder político les ha significado abrir las compuertas de diques legaloides. Con inteligencia, con mesura, con discreción y con muy alto grado de civilidad, han empujado para que la igualdad de derechos avance.
Valientes como ninguno de los varones, Lilly Téllez alza la voz a favor de sus creencias. Kenia López Rabadán replica al Presidente. Lourdes Mendoza hace trizas el discurso de “no a la impunidad y la corrupción se acabó en la 4T”. Claudia Ruiz Massieu declara enfáticamente un no a la reforma eléctrica. Xóchitl Gálvez protesta a su estilo.
Con su voz siempre conciliadora y persuasiva, Amalia García propone “el cuarto de al lado” para modificar el presupuesto y dotar al urgentísimo Sistema Nacional de Cuidados de dinero contante y sonante que beneficie a las mujeres, después de que la 4T ha sido destructora de tanto afán por mejorar la vida de las pobres entre los pobres.
Como ellas, hay muchas más luchando desde su espacio por mejorar la vida de niñas, con quienes tenemos un ineludible deber, que va mucho más allá de lo moral. Como dice Naciones Unidas para la Población, “Ella es una niña, no es una mercancía con la que se comercia. No es un objeto de deseo. No es un estorbo del que librarse”. Triste, deplorable e insufrible realidad.
No debemos voltear la cara y decir “no es mi asunto”. “La escolarización de una niña normalmente acaba en el momento en que la casan. Comienza la maternidad, las oportunidades se evaporan, las puertas del futuro se cierran de golpe”. Práctica muy mexicana, preferir a los hijos varones y desatender a las niñas. “La preferencia por los hijos varones es un síntoma de que la desigualdad de género está muy enraizada, lo que perjudica al conjunto de la sociedad”.
https://www.unfpa.org/es/swop-2020?_ga=2.183125862.1925399979.1593710209...
La crisis de covid-19 no ha sido ciega al género. Las mujeres están sobrerrepresentadas en los sectores más afectados por la crisis, como el cuidado de niñ@s, la educación o el turismo. La Organización Internacional del Trabajo estima que el 58.6% de las mujeres empleadas trabaja en el sector servicios en todo el mundo, en comparación con el 45.4% de los hombres empleados. Ellas han estado en la primera línea de la batalla contra el virus. A nivel mundial, el 88% de trabajadores del cuidado personal y el 69% de profesionales de la salud son mujeres, que siguen corriendo mucho más riesgos de enfermarse.
Ya sabemos, lo escribió Rosario Robles (injustamente encarcelada) hace años: Tiempo de crisis, tiempo de mujeres. Hoy, ante las múltiples crisis que vivimos en México, de salud, de inseguridad, económica, no queda margen a duda alguna. Una mujer a la Presidencia.
Saber que puede haber una presidenta es motivo de enorme felicidad. Una mujer valiente, capaz, con la suficiente experiencia y con la indispensable autonomía para llevar a cabo cambios que transformen de raíz, todos los prejuicios enquistados en leyes, en mentes y en “usos y costumbres”. Que escuche todas las voces, que equilibre todos los argumentos, que concilie entre los muy variados y legítimos intereses. Que viva en este mundo y en estos tiempos. Una mujer autónoma y consciente.
