De mujeres, barbajanes y política

Las mujeres ya estamos instaladas en la política, en aquella que mira más allá de sus narices e intenta dar rumo a las certezas. No todas, pero sí muchas.

Lamentablemente, quienes hacen campañas políticas en los medios están usando a las mujeres como “armas de destrucción letal” para quienes son sus adversarios. Y resulta aún más lamentable que al público a quien dirigen sus “mensajes” tenga la mira tan corta y tan ofuscada por los estereotipos.

Interesante notar que estos, los estereotipos manejados por esos barbajanes, revelan lo que muy bien describió Carlos Fuentes en Las buenas conciencias: personajes que se dan golpes de pecho y, lueguito, salen corriendo a buscar “placeres prohibidos”; o bien, mujeres aterradas por la violencia simbólica que exhiben en esos spots y, con poco tino, deciden que “la política es sucia”, y ellas, tan puras y cristalinas, no quieren ni acercarse.

Increíble que los llamados “creativos” acusen a cualquiera de ser el más perverso. Recuerdan el famoso dicho de que son tan capaces de mirar la paja en el ojo ajeno, y no, la viga en el propio. Y, además, tiran la piedra y esconden la mano. Todo a la vista del público elector que, nomás, se ríe. ¿Quién gana, quién pierde?

Gana algún candidato pintado de nefasto con pocos votos. Votos poco razonados y, sí, muy calculados. Y ese cálculo lo hacen quienes se dedican a ser, dicen, operadores políticos, con dinero y/o promesas en el bolsillo. Barbajanes que se venden por tres monedas, importándoles un pepino que nuestra democracia se vaya por un tubo. El calificativo les queda perfecto, pues significa tosco, rústico, brutal y, también, “individuo del sexo masculino que por voluntad propia es adversario de las buenas costumbres, y tiene un vocabulario obsceno que ofende, agravia, degrada al sexo femenino”.

Pierden las mujeres, todas, pues se reitera, una vez más, que no somos personas, sino instrumentos en la mente masculina. Instrumentos no sólo de placer, sino también de “destrucción de honras”. Nos dice Bourdieu: “Observamos que cuando las presiones externas son abolidas y las libertades formales —derecho de voto, derecho a la educación, acceso a todas las profesiones, incluidas las políticas— se han adquirido, la autoexclusión y la vocación acuden a tomar el relevo de la exclusión expresa. La expulsión de los lugares públicos puede realizarse a través de esa especie de agorafobia socialmente impuesta que conduce a las mujeres a excluirse voluntariamente”.

Estas “campañas” parecen tener un doble fin. Por una parte, denostar al adversario, utilizando acusaciones que, siendo delitos, aparentan ser políticamente correctas y, por otra, convertirnos, otra vez, en símbolos, contribuyendo a la perpetuación del sistema, aumentando el capital simbólico de los hombres y reduciéndonos a instrumentos simbólicos de la política masculina.

Los “creativos” hacen “del cuerpo femenino, al pie de la letra, un objetivo evaluable e intercambiable, que circula entre los hombres de igual manera que una moneda”. (Anne-Marie Dardignac). Estas campañas, que no abonan nada a la democracia, cuentan con certificado de impunidad. Al ser anónimas, no hay manera de defenderse, y aun cuando se pueda detectar de dónde salieron los infundios, la difamación no es castigada. Y lo peor está por venir: doce estados más tendrán elecciones este año.

¿Qué hacer con los partidos políticos que, a través de la contratación de barbajanes, hacen de las campañas políticas un instrumento para denigrar a las mujeres y, con ello, a la democracia? ¿El Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tendrán la capacidad para detener, tanto a la llamada “espotización”, como el que se instrumenten este tipo de barbaridades? ¿Para dentro de 8 o 10 años, cuando ya haya algún resultado positivo de la Reforma Educativa, podremos escuchar debatir ideas? ¿El INE tendrá estrategias educativas novedosas que, realmente, incidan en las subjetividades para que defendamos los principios democráticos y no sigamos apoyando, ya de ninguna forma, este despreciable modo de atacar al adversario? (¿o adversaria?)

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