Reconocer el talento, sin discriminación

Se dice fácil, pero cuando miramos la lista de los premios nacionales, nos damos cuenta de que en México, reconocer el talento de las mujeres está cruzado de prejuicios.

En la entrega de los Premios Nacionales 2013, el secretario Chuayffet recordó al cura Morelos, cuando, en 1813, reclamara en Sentimientos de la Nación que “todos los hombres fueran iguales y que solamente los distinguiera entre sí el vicio o la virtud”. El genérico en ese entonces, si excluía a las mujeres. El secretario dijo más: “El gobierno del presidente Enrique Peña Nieto quiere garantizar el acceso universal a la cultura. No aspiramos a una cultura mandarinesca. Cuando se habla de su democratización, no estamos empleando un cartabón demagógico, sino utilizando un término que refleja la estricta necesidad de multiplicar las oportunidades para su disfrute”.

Pero las estadísticas reflejan otra verdad. Sólo un dato: de 10 personas de 2010 a la fecha, premiadas en literatura, 8 fueron hombres y sólo dos mujeres. Y sobre este campo, la literatura, es muy sabido que las mujeres, desde pequeñas, han desarrollado más sus capacidades que los hombres. En marzo de este año se presentó el Informe PISA “orientado a la igualdad y el género y los resultados revelan que las chicas prefieren la lectura y los varones las matemáticas en todos los países del informe. Las chicas prefieren la lectura y obtienen mejores resultados en la prueba, y los chicos se destacan en matemáticas”.

Un estudio dirigido por Andrei Cimpian, profesor de sicología de la Universidad de Illinois y, Sarah Jane Leslie, profesora de filosofía de la Universidad de Princeton, afirman que “Las mujeres son tan capaces y analíticas como los hombres para competir en campos selectivos y competitivos como los científicos, pero están subrepresentadas porque los (integrantes de Comités encargados de seleccionar a las y los mejores) hacen hincapié en la necesidad de una mente brillante como inherente para la profesión y presuponen la falta de talento natural en las mujeres”.

Informan que las asociaciones culturales, conformadas en su gran mayoría por muchos más hombres que mujeres, tienen un enorme y lamentable prejuicio: asocian a los hombres con la genialidad innata y no a las mujeres. Leslie explica: “Consideremos lo difícil que es pensar en tan siquiera una representación cultural de mujeres –como la que existe en personajes como Sherlock Holmes, el doctor House en la serie de televisión o Will Hunting en la película Good Will Hunting– en la que se les atribuye una chispa innata especial, un genio sin educación”. “Las mujeres dotadas intelectualmente encarnan papeles como el de Hermione Granger en Harry Potter, a las que se asocia el hecho de ser increíblemente trabajadoras y diligentes. Los logros de estas últimas se representan como fruto de largas horas de estudio minucioso, en vez de una brillantez innata”.

Con referencia a ello, el famosísimo y destacado hombre de ciencia, Albert Einstein dijo: El genio se hace con un 1% de talento y un 99% de trabajo duro”. Y el entrañable Jorge Ibargüengoitia: “cuando una mujer es inteligente, es decir, que piensa con claridad, sin impedimentos, con precisión y si es posible con rapidez, nos cuesta trabajo descubrir los rasgos que diferencien este pensamiento del de un hombre. Es decir, que la inteligencia cuando funciona, es asexual”.

Siguiendo el discurso del secretario: “La cultura es del dominio público, campo para todos, sin exclusiones ni privilegios, porque no la hace un solo grupo ni es propiedad exclusiva de nadie. Gracias a todos los premiados por crear y reflejar nuestro tiempo con su talento, la solidaridad de su conocimiento, que crea en libertad es testimonio que, hoy, también, se vuelve celebración de la libertad”.

¿El dominio público será de puros hombres, por eso de “sin exclusiones ni privilegios”? ¿Nuestro tiempo es otra vez, sólo de talento masculino? ¿Los conocimientos de las mujeres no son solidarios? En lo que pudiera tener razón es en eso de “crear en libertad”. Celebrar el talento de las mexicanas sería una muestra patente de “celebración de la libertad”, pues se habrán dejado de lado prejuicios que no han apoyado ni el desarrollo ni la democratización de la cultura.

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