La voz y el papel de Sheinbaum

Nadie en Estados Unidos ni Europa (tampoco los millones de venezolanos en el exilio) pareció tomar en serio el comunicado conjunto difundido el domingo por los gobiernos de México, Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y España. Bastaría el nulo atractivo del texto cargado de clichés para explicar el desinterés. Aunque algo tendrá que ver también el bajo magnetismo de los presidentes que lo firmaron. Unos (Boric), porque se marcharán en breve; otros (Orsi), porque acaban de llegar. Sánchez forma parte del planeta europeo, donde luce cada vez más liviano y solo. Petro opta por revivir la intransigencia guerrillera y luego se derrite en una llamada telefónica con Trump. Lula no parece tener ya la fuerza ni el carisma para encender un grito internacional de nada. Ambos, además, enfrentarán elecciones inciertas en el año. Así es que la única de ese G6 a las carreras que podría alcanzar cierta sonoridad y significancia sería la presidenta Sheinbaum. El mundo la conoce y podría escuchar lo que diga. En esa posición la está colocando la historia latinoamericana. Lejos de los Milei y sin aliados que pesen. En el papel de una latinoamericana con una voz propia que ayude, que sirva de algo en una crisis de atención mundial. La fraseología, se vio en el comunicado del domingo, no sirve para mayor la cosa. Si de salir de casa se trata. Si de ser útil se trata.