No sean hipócritas

Los que voltearon para otro lado cuando la dictadura de Maduro violó en las mazmorras a cientos de niñas y jovencitas, de niños y jovencitos, cuando torturó a muchachos y ancianos y mató y desapareció a tantos, alzaron ayer la voz condenando “el prepotente atropello al derecho internacional y a la autodeterminación de los pueblos”. Los venezolanos apaleados sin clemencia desde 2014 aceptaron en 2024 la “invitación” del madurismo para dirimir las diferencias a través de elecciones. La dictadura encarceló a candidatos opositores, le cerró el paso a María Corina Machado, puso en marcha una estrategia de amedrentamiento y, aun así, perdió. Una derrota documentada con los precarios recursos de la oposición. ¿Qué ocurrió entonces con las voces “libertarias” de México y América Latina? Vino el silencio y con él la consumación y el aval del fraude y el horror. Hace un año, el 10 de enero, Maduro asumió de nuevo la presidencia ante el vacío internacional, México incluido. Vacío que no fue acompañado por acciones o críticas sobre lo que sucedía en Venezuela. Tuvo que llegar Trump con su política contra los narcogobiernos terroristas y aquí estamos. Comprendo el recato de no aplaudir una intervención militar ni el anuncio de convertir Venezuela en un virtual virreinato “hasta que haya una transición segura”. Pero que no lloren quienes avalaron las violaciones de jovencitas y jovencitos y hoy desempolvan el gagá discurso antiimperialista que, en ellos, es siempre beneplácito a las atrocidades. No sean hipócritas.