“Las transiciones son así, estoy de acuerdo con lo que está ocurriendo, liberaron a María Corina y al presidente Edmundo de una responsabilidad muy grande y complicada”. Habla Gustavo Tovar-Arroyo, uno de los dos, tres colaboradores más cercanos a la Nobel de la Paz. Escucharlo es, quiero creer, palpar el sentir de María Corina Machado. “Es lógico que el gobierno de Estados Unidos, que está llevando a cabo acciones para garantizar su propia seguridad ante un régimen relacionado con el narcoterrorismo, los terroristas islámicos, la guerrilla colombiana, tome decisiones de ‘realidad de Estado’,
Creo que le están haciendo un favor a María Corina, porque Venezuela es un país insostenible desde el punto de vista institucional, un conglomerado de mafias que ha gobernado 15 años con crueldad, vagabundería, corrupción y, sobre todo, violencia. Venezuela tiene un sistema controlado por las mafias, por Rusia, Irán”.
Le pregunto si en esa incertidumbre hay espacio para el optimismo. Gustavo no duda: “Estoy en júbilo. Si Berlín fue reinventado, si Japón fue reinventado, Venezuela va a ser reinventada con imaginación, inteligencia, decencia, liderazgo. Llegará el momento de la libertad. Tenemos la fuerza moral, intelectual, empresarial. Nos cayó la peste chavista que arruinó a la nación, pero las bases de Venezuela están intactas”.
