“Estamos devastados”

El 29 de enero, al cumplirse una semana de la oscura desaparición de empleados e ingenieros en el complejo minero de Concordia, Sinaloa, buscamos a la empresa, la canadiense Vizsla Silver. “No tenemos información adicional”, nos respondió.

“Nuestra única prioridad es concentrarnos en la seguridad y en la liberación de nuestra gente”. No tenía nada que decir. Todo parecía un caso perdido, más aún cuando les notificaron que el asunto quedaba en manos de la Fiscalía de Sinaloa. Había ocurrido lo de siempre: hombres armados, indefensión, secuestro. Ayer se confirmó lo de costumbre: la localización de cadáveres en un predio cercano; cinco fueron identificados por sus familiares y muy probablemente los otros cinco pronto lo serán también. Los criminales hicieron su trabajo, se impusieron. “Estamos devastados por el hecho y la trágica pérdida de vidas”, escribió Michael Konnert, presidente de Vizsla Silver. “Nuestras sentidas condolencias a las familias de nuestros colegas, amigos, compañeros, y a la comunidad de Concordia”. El mismo mensaje luctuoso, agotador, que México ha escuchado durante el siglo XXI. Los criminales siguen haciendo lo suyo, porque pueden. Devastan.

La exigencia de que Concordia no se repita tendría que seguir siendo la primera de todas. Que no se impongan por fatiga y abatimiento.

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