Sigo el caso de las camionetas blindadas compradas para cada uno de los nueve ministros de la Suprema Corte con la lógica de quien salvó su vida gracias al buen blindaje de una camioneta parecida a las que iban a usar. Ahora resulta que no las necesitaban, pues han acordado no utilizarlas porque están comprometidos con el “uso eficiente y responsable de los recursos del pueblo”. Al expresarlo así dejan en ridículo a la presidenta Sheinbaum, que apenas el viernes malabareó la poco creíble versión de que las blindadas eran un ahorro. Y demuestran que la esencia hipócrita de la 4T los lleva al ridículo cuando tienen que acercarse a conductas y pautas que no riman con el eslogan exitoso, y mentiroso, de que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre –varios ministros de la Corte son muy ricos–. Por eso, por hipócritas y torpes, los cachan una y otra vez y deben correr a enmendar la plana a fin de tratar de salvar su imagen tras las chafadas. Los ministros dicen ahora que “solicitarán que se inicie el proceso para la devolución” de las camionetas –¿y el supuesto ahorro?– o “para ponerlas a disposición de personas juzgadoras que enfrenten mayores riesgos” –¡nueve, nada más, en el país peligroso y violento!–. Vaya pobreza política, procedimental y ética de las altas autoridades del Poder Judicial. Chafas.
