No, no son terroristas
En Monterrey, el 25 de agosto de 2011, después de comer cabrito en el Gran Pastor, un comando de 16 personas se dirigió a una gasolinería a comprar bidones de gasolina. Con estos llenos, se dirigieron al centro de apuestas Casino Royale, entraron dando de gritos, ...
En Monterrey, el 25 de agosto de 2011, después de comer cabrito en el Gran Pastor, un comando de 16 personas se dirigió a una gasolinería a comprar bidones de gasolina. Con estos llenos, se dirigieron al centro de apuestas Casino Royale, entraron dando de gritos, rociaron de gasolina todo lo que pudieron y le prendieron fuego; salieron y aseguraron las puertas. Murieron asfixiadas o calcinadas 52 personas, de éstas, 35 mujeres, una de ellas embarazada de 7 meses. El gobierno de Felipe Calderón le llamó “acto terrorista”.
El 18 de marzo de ese mismo 2011, un comando de 40 vehículos irrumpió en un rancho del municipio de Allende e inició el asesinato y/o secuestro de decenas de habitantes. Por lo menos, hubo 42 casos de asesinatos documentados, pero se habla de 300 desaparecidos. Poco antes, en enero, en el aeropuerto internacional de Moscú, un militante checheno suicida detonó un chaleco con explosivos, mata a 35 personas y hiere a 100 más.
¿Cuál acto es terrorista y cuál no?
La razón del atentado del Casino Royale fueron 130 mil pesos semanales que los dueños dejaron de pagar al crimen organizado. La masacre de Allende fue por la sospecha de que Los Zetas habían sido traicionados: uno de sus socios cooperaba con el gobierno de los EU y se había quedado con 10 millones de dólares. El atentado en Moscú, en cambio, tenía un motivo político, golpear al gobierno ruso para abrir camino a la independencia de Chechenia. Los mayores atentados que se recuerden, el del 11 de septiembre de 2011 en las Torres Gemelas de Nueva York, con un saldo de casi tres mil personas muertas, y el del 7 de octubre de 2024, en Israel, con un saldo de 1,200 personas, son actos terroristas típicos, concebidos para lograr un objetivo político, religioso, racial (omito aquí las acciones militares de Israel, con un saldo criminal de 45 mil palestinos).
Decir que las organizaciones del crimen organizado mexicanas no son terroristas no es defenderlas. Al contrario. No hay que darles categoría atribuyéndoles algún fin de militancia política o de defensa de algún credo o convicción. Ni Robin Hoods ni Chuchos Rotos. No. Son vulgares criminales, de una crueldad casi inconcebible, ejercida sólo con el fin de garantizar su negocio y poder mediante el control territorial. Los mueve la ambición. Que porque causan terror son terroristas. ¡Válgame!, como diría mi editor. El covid y la falta de vacunas también causaron terror. Otis también causó terror. Los terremotos del 17 también nos aterrorizaron. A México no le conviene que se incluya a los cárteles en la lista de organizaciones terroristas junto con Al Qaeda, Hamas y la ETA, no por solidaridad patriotera con nuestros criminales, sino porque esta declaración le da a Trump y a sus radicales más herramientas contra nuestro país. No me refiero a las acciones contra las finanzas de los narcos en Estados Unidos que facilita esta clasificación. Todo esto hasta puede ayudar a debilitar el entramado de operaciones de lavado de dinero y financiamiento de más delitos que tiene un claro alcance binacional.
Me refiero, como lo hice en Sobre la interpretación (05/I/2025), a la mención de la Ley Contra los Enemigos Extranjeros o Alien Enemy Act (AEC). Primero se usó repetitivamente el término “invasión de delincuentes” para describir a la migración. Como lo expliqué en ese artículo, el gobierno de Texas pelea ahora ante tribunales que no se interprete literalmente el término invasión para que pueda aplicarse contra los migrantes y espera (lo mismo que Trump) que su caso llegue a la Corte Suprema, donde puede ser visto con simpatía por la mayoría conservadora.
Pero ahora hay que agregar la declaración de los cárteles como terroristas, lo que fortalece la posible aplicación de la ley mencionada, que habla tanto de invasión como de “incursión punitiva”. Si a eso le sumamos que la Casa Blanca describe al gobierno mexicano como “aliado” del crimen organizado, las posibilidades de chantaje, amenaza y algún tipo de intervención, crecen. Como lo explica el Brennan Center for Justice: La Corte considera vinculatorio el reconocimiento del presidente a los gobiernos extranjeros. La declaración de los cárteles como terroristas le permitiría al Ejecutivo invocar a la Ley vs. los Enemigos Extranjeros sin pedir autorización al Congreso, basado en el concepto de invasión o de una incursión punitiva perpetrada por un cártel de quien se alega actúa, de facto, como un gobierno extranjero.
El gobierno que cambia la ley como cambiarse calcetines podía revisar las reformas del año pasado al artículo 139 del Código Penal Federal, que incluyen una ambigüedad que contradice el argumento de que los cárteles no son terroristas. Pues incluye que terrorista también es quien realice actos… que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad o a un particular u obligar a éste para que tome una determinación”. O sea, es terrorismo atentar contra la seguridad nacional o presionar a un particular. Cámbienle, pero ya.
