La ciencia desde la zona de interés
Este año la película La zona de interés ganó el Oscar a la mejor película extranjera. El film de Jonathan Glazer describe la vida amable de la familia deRudolf Höss junto al conjunto de campos de concentración de Auschwitz. La esposa del comandante del campo, ...
Este año la película La zona de interés ganó el Oscar a la mejor película extranjera. El film de Jonathan Glazer describe la vida amable de la familia de Rudolf Höss junto al conjunto de campos de concentración de Auschwitz. La esposa del comandante del campo, Hedwig, cuida el jardín y riega sus rosas mientras se oyen los gritos de dolor y espanto de los prisioneros. Pero ella es indiferente. La película me recuerda el primer documental del cineasta estadunidense Samuel Fuller, que filma a los ciudadanos importantes de Falkenau, poblado de Checoslovaquia, donde se libró la última batalla de la Segunda Guerra Mundial, el 8 de mayo de 1945. Los notables de Falkenau juraron que nunca oyeron los gritos de los prisioneros del campo de concentración, del cual les separaba una pared, ni olieron los aromas de los cadáveres quemados.
El gobierno actual está lejos de ser un gobierno nazi, pero en ciencia y cultura sí comparte algunos rasgos de odio a la ciencia con la revolución cultural de Mao o del Khmer Rouge en Kampuchea. Abundaron la ideologización de la ciencia y la cultura, y la exigencia —instrumentada mediante amenazas y tácticas de terror— de plegarse al pensamiento del amado líder, so pena de verse obligados a dejar su carrera científica y hasta acabar en la cárcel.
Por eso, cuando escuché a Claudia Sheinbaum, la candidata oficial, criticar el diagnóstico generado por los Diálogos por la paz, en el que participaron el Episcopado Mexicano y la Compañía de Jesús, no pude sino recordar a la inocente mujer que regaba sus rosas mientras al lado se quemaban miles de cadáveres.
La misma sensación surge cuando veo la descripción de Sheinbaum como una científica y ambientalista. ¿Podrá merecer el calificativo de científica cuando volteaba para otro lado mientras 31 colegas de la comunidad científica eran acusados por la Fiscalía General de la República de peculado, uso de recursos de procedencia ilícita y delincuencia organizada? ¿Puede creerse en la persona que callaba ante las órdenes exigidas por Elena Álvarez-Buylla, directora de Conacyt, a la FGR, de meter en prisión a los 31 científicos? ¿La doctora Julia Tagüeña, promedio 9.9 de la Facultad de Ciencias, investigadora y apasionada divulgadora de la ciencia, a Almoloya? ¿Enrique Cabrero, exdirector del Conacyt y del CIDE, a compartir celda con los narcotraficantes? ¿José Franco, expresidente de la Academia de la Investigación Científica, a prisión? A cada orden de prisión, Claudia volvía a ver la mañanera para asegurarse de que su indiferencia frente a ese atentado contra la ciencia era justificada.
¿Sheinbaum científica? ¿Y qué dijo cuando el gobierno se apropió de los fideicomisos que permitían el desarrollo de proyectos de investigación científica y tecnológica multianuales? Silencio cómplice.
¿Protestó, levantó su voz, cuando en aquella sesión negra del 28 de abril de 2023 en el Senado se aprobó la nueva Ley de Ciencia, un atentado contra investigadores, contra el Conacyt y contra la ciencia? Claudia protestó contra la mención a la militarización y el militarismo contenida en los Compromisos para la Paz, impulsados por el Episcopado, pero le pareció muy bien que en el nuevo Consejo del Conacyt, ordenado por la nueva Ley de Ciencia, tengan representación el Ejército y la Marina, pero se excluya a las universidades públicas y privadas, precisamente donde más se hace ciencia.
¿La candidata científica? ¿Protestó la doctora Sheinbaum por el desplome en 40% de las becas al extranjero? Excélsior reportó: En 2022, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología becó a 2,480 estudiantes para maestría o doctorado, una caída del 40%, con respecto al 2018, cuando se entregaron 4091. Las becas para posdoctorado bajaron de 490 en 2018 a 74 en 2022.
Y si algunos científicos tenían esperanza en que se acabaría la prioridad a los “saberes ancestrales” impulsada por Elena Álvarez-Buylla, pierdan toda esperanza, como diría Dante Alighieri. Recientemente, Sheinbaum recomendó seguir la dieta prehispánica. Heredera de la migración europea a México, le es imposible reconocer que el México prehispánico ya no existe más que en los sitios arqueológicos, los museos y en la memoria. En la vida diaria, México es mestizo, país en el que conviven y se enriquecen herencias milenarias de varios pueblos. Este gobierno ha masacrado la ciencia, ha dinamitado el Conacyt y ha sembrado la desconfianza entre los científicos. Pero Claudia sigue regando su jardín.
