¡Vaya enredo!
Es interesante observar cómo las redes sociales también se han convertido en una vía de denuncia, cuyos alcances dependerán de su viralización.
Durante estos días el tiempo se mide conforme avanza el proceso electoral que se desarrolla en nuestro país. Aunque las campañas electorales dieron inicio hace un par de semanas, su desarrollo ha sido meteórico y ha puesto en la mesa varios temas que nos permiten analizar los alcances de las campañas en la sociedad, el impacto de los medios de comunicación durante este momento de la pandemia, las encuestas y sus vaticinios, el impacto del gobierno en la contienda electoral; pero, en especial, quiénes son las personas que contienden por ganar las votaciones. Hay nombres que se repiten —como el recordatorio de una lección no aprendida— y se suman otros que nos causan perplejidad. A simple vista, parece que hoy no existiría diferencia alguna con respecto a otras elecciones, sin embargo, hay factores cuya relevancia se proyecta de diferente manera en estos días de pandemia.
En primera instancia, es interesante observar cómo las redes sociales también se han convertido en una vía de denuncia cuyos alcances dependerán de su viralización. Recordemos que las redes generaron un impacto considerable en los resultados de las elecciones del 2018: se observaron como nuevos mecanismos que podían acercar las propuestas políticas a la gente que gozaba del acceso a internet. Así, diversas aplicaciones comenzaban a ser empleadas como un puente muy efectivo entre los candidatos, candidatas y sus simpatizantes. Sin embargo, de manera paralela, las ventajas ya se perfilaban como un arma cuyo filo causa muchos dolores de cabeza a quienes fueron protagonistas de una noticia —real o de las llamadas fake news— que pusiera en entredicho su reputación y la campaña.
El día de hoy las redes son una suerte de arena en la que se libran batallas muy peculiares: ventana al fanatismo, el espacio en el que se tejen filias y fobias. Una tribuna en la que se banalizan los problemas y en la que se puede desarrollar una campaña de ataques desproporcionados. Resulta curioso que también sea un espacio donde las voces más agudas proyecten sus ideas y, paradójicamente, en el que se apuesta por el ruido que ensordezca todo aspecto crítico. Los medios de comunicación han hallado en las redes sociales un punto en el que se hace eco de sus contenidos mediáticos. Lo cotidiano es observar o participar estoicamente en discusiones que, por lo general, no dan buen resultado. Muchas veces, las redes son la dinamita de la polarización que es muy bien aprovechada por el gobierno, los partidos y quienes sembrando discordia saben que pueden obtener algún beneficio. Si bien esto tiene su origen en las sucias campañas del 2012, hoy la violencia tiene otro tipo de alcances, porque somos una sociedad que ha encontrado en la polarización un modus operandi en el que se le exige al otro desde la radicalización.
Así, esta dinámica ha implicado un verdadero reto para los cerebros que articulan todas las campañas: en medio de una pandemia, en la que existe cierta hiperconectividad, parece que sus apuestas sólo han conseguido erosionar muy rápido sus plataformas electorales. Se han enredado entre sus propios discursos de polarización y, también, en el hartazgo de una sociedad que observa el triste espectáculo de quienes están en campaña, de la injerencia presidencial y la comparsa de una oposición que aún existe sólo por la inercia de sus historias. Son pocas las ideas que sobreviven en la dinámica y voracidad de las redes. Pero tampoco debemos ser ingenuos: la mayor parte de la población está fuera de esta ecuación virtual. Acostumbrados a las campañas que son pródigas en dádivas o a las que se escudan en programas sociales, muchos sectores de la población están lejos de las discusiones que tienen lugar en la virtualidad. Muestra de ello son las encuestas de popularidad que hablan acerca de la percepción de las campañas y el desempeño de López Obrador. En la calle siguen ganando las apuestas por el populismo y la desmemoria. ¿Cómo podemos exigir que la discusión política cambie de aires? Las respuestas se necesitan proyectar más allá de la comodidad de las redes sociales.
el paréntesis de los días
Hay historias que se caracterizan por su intensidad y el buen cálculo narrativo: así puede crearse un ambiente siniestro en el que los personajes son trazados con la precisión de una mirada clínica. Así es Llegada la hora, libro escrito por Karla Zárate (Dharma Books), en el que se nos presenta la historia de John Guadalupe Ontuno, el cocinero de quienes están a punto de ser ejecutados en la prisión de Polunsky, en Texas. Te sugiero esta lectura que se alimenta de la tensión entre la muerte y la venganza en cada una de sus páginas.
