El infortunado zar Nicolás II ideó el concepto de Gran Maestro y lo otorgó en el Torneo de ajedrez de San Petersburgo de 1914 a los cinco primeros lugares: Emanuel Lasker, José Raúl Capablanca, Alexander Alekhine, Siegbert Tarrasch y Frank Marshall. Cada acción del pasado está vinculada con la creatividad y adaptación del individuo a su entorno. Desde siempre, el afán de la curiosidad del hombre por investigar, descubrir, interpretar, conocer, lo conducen a un proceso evolutivo constante, generalmente acompañado de asombro. En la realidad y en la fantasía de las leyendas, los héroes generan epígonos; la emulación nace en forma relativa y natural. La comparación no es odiosa como repiten mecánica y estólidamente loros, pericos y manada. La atracción magnética de la competencia, en toda clase de lucha, es la comparación; la vivimos todos los días, es el color vital más hermoso del esfuerzo. Y cuánto más difícil, más conmueve. En las últimas semanas se ha presenciado el meteórico progreso del prodigio argentino Faustino Oro, de 12 años, por romper el récord mundial de precocidad y posesionarse del grado o título vitalicio de Gran Maestro de ajedrez. Su intento fallido dejó huellas de su talento de elevada excelencia al situarse en segundo lugar en orden cronológico en la historia de los 64 escaques. Logró la hazaña a la edad de 12 años, 6 meses y 26 días. El RM lo posee Abhimanyu Mishra, EU, a los 12-04-25. El título, que será oficializado en breve por la F. Internacional (FIDE), guarda, acaso, paralelismo con la graduación profesional universitaria. Es tan difícil ser GM que cuando en 1958 lo alcanzó Robert James Bobby Fischer a la edad de 15 años, 6 meses y un día, fue una referencia de la dimensión del Everest. Fischer cuarteó el imperio soviético, en 1972, al vencer a Boris Spassky en duelo por la corona mundial. Sorprendente: una adolescente húngara, Judit Polgar, rompe el récord de Fischer en 1991 a la edad de 15-04-28. (Disculpen. Aún recuerdo el grito angustioso de Klara, la mamá, al salir de un stand de artesanías: “¡Judit, dónde está Judit!”. Después del Torneo de Mazatlán-1988 invité a la familia Polgar a conocer las pirámides de Teotihuacán. El corazón me dio un vuelco. Era época de secuestros. Tras unos segundos la vi. “Allá, allá está”. De espíritu independiente, Judit, de 12 años, subía la escalinata del Sol”). La manifestación de precocidad se da en la música, en matemáticas y ajedrez. Modelos del despertar del genio son Wolfgang Amadeus Mozart, la memorización con fidelidad, a los 14 años, al escuchar por vez primera en la capilla Sixtina el Miserere de Allegri, y Carl Friedrich Gauss, la relampagueante suma del 1 al 100, a los 9 años. La natación presenta dos ejemplos con el sello del genio: la sudafricana Karen Muir bate el récord mundial de los 100 m estilo de dorso a los 12-10-25 días, señala 1’08”7 en 1965 en la pileta de Blackpool Inglaterra. Y Cynthia Sippy Woodhead, EU, a los 12 años marca, en 1977, un récord de 4’49”51 en las 500 yardas nado libre que duró 40 años. Ya nadaba cuando empleaba pañales.
