En los 50, 60 y 70, la mayoría de los nadadores desean emular a los australianos. Predomina el estilo crawl por encima del dorso y de la rana que en lenta transformación de cuatro décadas se transformó en mariposa, después de que la FINA, entrenadores y nadadores comprendieron que existía una enorme diferencia hidrodinámica entre los pechistas que lanzaban los brazos por encima de la superficie del agua con los que mantenían por abajo. En realidad entre 56, 60 y 64 se disparó al empíreo Murray Rose, australiano de 17 años, que ganó tres oros en los JO de Melbourne y se convirtió en el primero en la historia en ganar dos oros sucesivos en 400 m libres en 1956 (4´27”8) y en Roma 1960 (4´18”3). Esfuerzo y hazaña tan difícil que no sólo exigen técnica y preparación física, sino inteligencia y audacia para desplegar estrategia. Rose poseía además aceleración mortífera. Rompió el muro de los 18 y se aproximó en 17´01”8 en Palo Alto, California, con Guillermo Echevarría en 4º en 17´01”8. Son tan complejos, difíciles y tan explosivamente competitivos los 400 m libres que sólo él e Ian Thorpe en Sídney (3´40”59) y en Atenas, (3´43”10) han logrado el doblete dorado en la historia olímpica acuática. A Rose y Thorpe los une un hilo de 48 años. ¡Y nadie más, ni antes ni después! Cada vez que cito a Thorpe no puedo evitar asociar dos recuerdos: el infame despojo del RM que fabricó la codicia del uruguayo Silvio Maglione y del rumano Cornel Marculescu con la aprobación de los trajes de poliuretano y, el otro, en 1998 en este espacio anticipé que Ian ganaría el oro en esa distancia. Pulsé el RM de Thorpe 3´40”08 en 2002 con el actual 3´40”07 de Paul Biedermann con el traje prohibido. Cuánta podredumbre moral: quitaron los trajes, ante las enérgicas protestas de entrenadores, pero dejaron los RM por los compromisos económicos con las empresas a las que cobraron miles de dólares en la ruin autorización. Murray Rose, Dawn Fraser primera mujer en romper el muro del minuto en los 100 m libres, Kevin Berry; Shane Gould, la única mujer con RM de 100 a 1,500 m australianos y estadunidenses, Don Schollander, Mark Spitz y Mike Burton eran algunas de las fulgentes estrellas del cielo acuático. El entrenador Don Talbot, de 20 años de edad, recibió a los soviéticos de Riga, Letonia, John Konrad, que sufrió poliomielitis, e Ilsa, y los convirtió en recordistas mundiales, los llevó a conquistar oro y plata en los JO de Roma a los 17 y 15 años. Emocionaban, inspiraban como el verso del poeta Friedrich Schiller en su oda dedicada a la Novena del Júpiter de Bonn: “Alegría, hermoso destello de los dioses…”. Aquéllos y muchos otros formaron la hechizante mitología en un oleaje de cadencia perpetua, eterna, mientras la atención del hombre esté puesta en la natación. Rose fue el cuarto en conquistar el oro olímpico los 400 y los 1,500 m después del inglés Henry Taylor, el canadiense George Hodgson y el estadunidense Norman Ross. En el tránsito de poco más de 75 años, el proceso evolutivo de la natación es intensamente fascinante.
