Su energía llegó en mayo; se fue en mayo. Su ¡ki ap! resonó en México y creció en niveles estentóreos en los campeonatos mundiales y en los Juegos Olímpicos. Dai-won Moon (19-1-1943, Hap Duk, Corea del Sur – 16-5-2026, San Miguel de Allende, Guanajuato) sembró la semilla del taekwondo y es el artífice de esta disciplina poco popular y poco conocida y de altísima calidad llamada Tang Soo Do en Corea del Sur allá por la década de los 50. Cursaba primaria en Seúl cuando conoció el horror de la guerra y se vio obligado a luchar contra la adversidad. Caminó con su padre 200 kilómetros a su natal Hap Duk, al sur de Seúl. Esta experiencia infantil le sirvió para fortalecer y afrontar serias dificultades y resistencias en su vida, principalmente en la sociedad y política deportiva de México. Vino como invitado por el doctor Manuel Mondragón y Kalb y, por diferencias de pensamiento, se separaron. Decidió quedarse en México y partió de cero. Un extranjero con el fuego espiritual de trasmitir su arte. Su amplio y profundo conocimiento adquirido desde niño en el estudio y práctica sobre las artes marciales —el vocablo coreano TKD significa Tae-pies, Kwon-manos, Do-camino, filosofía— lo llevaron a formar no sólo grandes campeones, sino a personas de bien. Como atleta fue un superdotado. Durante sus estudios de arquitectura en la U. de Texas Tech University, asistió como juez y observador a un torneo en Tulsa, Oklahoma. Sin saberlo, lo inscribieron como David Moon. Derrotó a los tres gladiadores más famosos de EU: Terry Connor, de casi 1.90 m de estatura; a Pat Burleson, campeón nacional, y Allen Steen, monarca internacional en Long Beach. En 4 años de duras enseñanzas en el DF, con un puñado de jóvenes, a los que motivó e inspiró en ser atletas de la más alta excelencia: José Luis Olivares, Isaías Dueñas, Ramiro Guzmán, Ernesto Morán, José Luis Torres Galindo, México ocupó el 3er lugar en el Campeonato Mundial de Seúl 1973; …, en 1979, en el Mundial de Stuttgart, México ocupó el 2º lugar con 8 competidores con la inmarcesible proeza de Óscar Mendiola, 6 combates, 6 victorias y la primera corona de oro de México, con 5 platas y un bronce conquistados por sus alumnos de la escuela Moo Duk Kwan. Cómo batalló ante las autoridades deportivas del país, que en su inmadurez de la época rechazaban reconocer la identidad del TKD como arte marcial. Dai-won Moon no sólo se dedicó a darles pescado a sus alumnos; los enseñó a pescar. El TKD creció como un enorme globo dorado. Despertó intereses, codicia, poder. La unidad de su escuela se fragmentó no sólo por la arrogancia e ingratitud de algunos de sus alumnos, sino por la condición natural humana de ser independientes; de alguna manera, se cumplió, como expresó G. Steiner, la lección más importante que deja el Zaratustra de Nietzsche: “Ahora, prescindid de mí”. El maestro presenció con madurez la ruptura. Como un ave —conservo en la sala un cuadro que me obsequió con dos grullas en concha nácar—, se dedicó con sentido de la vida a reconstruir el nido del TKD.
