Creer en lo irreal, atracción irresistible

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Creer es una necesidad en el hombre. Qué maravilloso fue el despertar de los primeros hombres, descubrir e interpretar la salida del Sol, el movimiento de la Luna y de los astros, el ciclo de las cuatro estaciones, la resurrección y vivo color de las flores, el movimiento de las aguas del mar y de los ríos, el diario cambio del cielo, el milagro de la vida, el misterio de la muerte. Una de las atracciones más irresistibles es creer en lo irreal.

En su tiempo, acaso las hermosas y crueles leyendas asiáticas, mesopotámicas, griegas, escandinavas… el politeísmo. En la Edad Media se creía y veía brujas volar en escoba, ahora en platillos voladores; a mediados del siglo XX corría la leyenda del Yeti, nunca visto, en el Himalaya y el Karakórum, sólo sus huellas; el monstruo del Lago de Loch Ness, en Escocia, de fértil imaginación (recuerdo un chiste escocés en un recorrido a un castillo, “el pasto es sintético, pero los gnomos son reales”), el Triángulo de Las Bermudas, que incluso atrapó la atención de algunos científicos. El Yeti fue dibujado humorísticamente por Abel Quesada en Excélsior. Sin ir más lejos, el Chupacabras, que, al igual que la Llorona, causó temor entre la masa ignorante. Paralelamente lo inaudito, una mujer guapa en la TV enfatizaba a diario la proximidad del Chupacabras. Ese año, por mentir, recibió el premio nacional de comunicación, arco reflejo de la cultura de simulación e ignorancia que vivimos. La credulidad confunde.

En México como en muchas partes del mundo se cree en la política y en la selección nacional de futbol. Casi un siglo de martillear los oídos con espejismos sonoros sin tocar la realidad: el bajo nivel del futbol mexicano, de peso similar al centroamericano y caribeño, sin despojarse de algunos rasgos tropicales. El resto sobra.

En días pasados corrió la noticia de que Javier Aguirre fue nominado entre los diez mejores entrenadores del mundo. En España debe haber, cuando menos, diez entrenadores de superior calidad que él. Como aspiración a lo intrascendente en lo deportivo, el portero Ochoa quiere establecer el récord mundial nostálgico de longevidad.

Hay una tendencia a formar una cultura de admiración hacia lo banal. Leo una información que es una especie de apología hiperbólica sobre un acontecimiento que falla en el comparativo con la esfera agonal, el deporte de competencia.

Es un hecho repetitivo en el entorno mexicano que reitera el desconocimiento de la cultura de lucha y esfuerzo, como una expresión de pretender elevar lo significativamente social a la esfera agonal y que, acaso, lo impulsa el deseo de querer tener lo que no se tiene; en lo más profundo, representa el sentimiento ilusorio tribal de entronizar la sed de rendir culto al ídolo o al personaje de alta relevancia que no se da por racimos en el país. Cerrar los ojos a la realidad no cambia la realidad.