La obsesión por la exactitud y profundidad del cálculo analítico, por descubrir los misterios de la estrategia y la táctica en el juego de ajedrez ha sido, durante los dos últimos siglos, el leit motiv de un gran número de grandes maestros del tablero. En los 50, mentes privilegiadas y eruditas del milenario juego requerían un mínimo de seis meses para llegar a una conclusión aproximada acerca de las fascinantes combinaciones de Mikhail Tal, El Mago de Riga, y se sabe que el neerlandés Jan Timman, en su oportunidad en el candelero de los mejores maestros, necesitó de 40 horas de investigación para interpretar y comentar en ocho páginas la primera partida del match Bobby Fischer-Tigran Petrosian de la final del Torneo de Candidatos (1971, Buenos Aires) y que presentó en El arte del análisis, un clásico que contiene 23 partidas modélicas en el análisis. La modernidad, la ciencia y la tecnología de punta han modificado y transportado al profesional y al diletante a otro campo que viaja a la velocidad de la luz: un click al mouse activa a los engines, motores de cálculo que evalúan y revelan al instante, objetivamente, con exactitud sideral, las líneas de la posición, con algo más, han descubierto nuevas ideas y conceptos que ensanchan los círculos concéntricos del conocimiento y la infinita riqueza de la estrategia y la táctica.
La importancia del espacio, las relaciones y armonía de las piezas… El auxilio de los engines con la facilidad de poder medirse ante adversarios más fuertes en la computadora ha acelerado la destreza y desarrollo de los jugadores y reducido el alcance, a más corta edad, las fronteras de calidad. El singular fenómeno de despegue se produjo durante la pandemia. Mayor número de niños y adolescentes rivalizan con los más poderosos jugadores. Acaba de finalizar el prestigioso torneo Tata Steel de Wijk aan Zee en su 88 edición, considerado La Catedral del Ajedrez Mundial. Intervinieron 14 grandes maestros de la elite y otros 14 maestros en un grupo denominado Challengers, con otros torneos por edades y fuerza Elo que forman un festival agonal en el litoral del Mar del Norte.
Ganó el uzbeko Nodirbek Abdusattórov, astro de 21 años, con una esmerada preparación teórica, técnica y capacidad física para resistir el desgaste nervioso de la lucha. Fueron casi tres semanas de combates en las que se presenció un juego más dinámico, competitivo y de alta clase. En el grupo magistral se disputaron 91 partidas, con una estadística que tal vez indique la enorme importancia que cobra en la actualidad la defensa y el ataque, diástole y sístole: 22 juegos los ganaron las blancas y 19 las negras, fuerzas equilibradas, con 50 tablas. Anteriormente, la conducción de las blancas ofrecía mayores perspectivas de éxito. Día con día se incorporan nuevas ideas en la apertura, se penetra más en las inasibles formas proteicas del medio juego y en las sutilezas y arcanos del final. Wijk aan Zee proyecta el ajedrez profesional como una actividad de entrega absoluta, e incierta, en la que el talento sin esfuerzo no produce frutos.
