Comprando legitimidad
Ante la deficiente legitimidad del gobierno de la República, se multiplican quienes bajo cualquier pretexto lo chantajean, algunas expresadas mediante las manifestaciones públicas. La semana pasada los habitantes de la Ciudad de México fuimos víctimas por parte de ...
Ante la deficiente legitimidad del gobierno de la República, se multiplican quienes bajo cualquier pretexto lo chantajean, algunas expresadas mediante las manifestaciones públicas.
La semana pasada los habitantes de la Ciudad de México fuimos víctimas por parte de quienes tomaron por asalto algunas de las principales vialidades y después se trasladaron a la explanada del Monumento a la Revolución (aunque ahora sirva más bien como manifestódromo); sin embargo, el objetivo de los manifestantes era conseguir que les pagaran a unos seudoprofesores por no haber cumplido su función de enseñanza, es decir, por ausentarse de su trabajo.
Tal vez sólo en nuestro país suceda lo narrado, sin embargo, a pesar de lo absurdo que parezca para cualquier persona sensata, lo peor aún es que nuestro gobierno acceda a este tipo de chantajes, como si pagando a los seudoprofesores lograran comprar la legitimidad de la cual carecen las autoridades.
Situación similar sucedió, pero más absurda con los policías estatales de Oaxaca, precisamente del mismo estado de donde dicen ser los seudoprofesores que vinieron a la capital del país a chantajear al gobierno federal.
Es más absurdo el caso de los policías, toda vez que el chantaje provino de un grupo armado, que incluso mantuvo retenidas en forma ilegal más de tres mil 500 armas, agredió y secuestró a algunos miembros de las Fuerzas Federales de la Policía y, a pesar de ello, también el gobierno del estado accedió a sus demandas y se les pagará lo que exigieron.
En este último caso estamos hablando de los servidores públicos a quienes se les tiene encomendado el uso de la fuerza pública para garantizar el libre ejercicio de los derechos de la sociedad, además de tratarse del cuerpo policial que ejercería el Mando Único policial en el estado y que también atendería la inseguridad.
Es evidente que la falta de legitimidad en los diferentes órdenes de gobierno, ya sea a nivel federal, estatal o municipal, está afectando ciertas funciones del Estado, que en los casos expuestos se traducen por un lado en inseguridad pública, impunidad y, por otro lado, en coraje y desesperación en la población.
Ahora bien, esta deficiente legitimidad expone al Estado no sólo frente a los grupos porriles que organizan las manifestaciones públicas, sino a organizaciones de presión privada con otras características, cuyas expresiones e influencia no son tan evidentes para todos, sin embargo, también chantajean al Estado en todos sus órdenes de gobierno.
Un Estado que no tiene legitimidad, traducido en el respaldo social para ejercer funciones para garantizar el orden y la paz pública, sino que sólo trata de obtenerla mediante la compra de voluntades de quienes lo ponen en riesgo; es un Estado cuya debilidad se incrementa no sólo ante nuevos grupos que pretenderán lo mismo.
En lugar de pagar a esos seudomaestros y policías, o de cualquier otra índole, debieran destinarse esos recursos a quienes en realidad cumplen con su trabajo, o dedicar el esfuerzo del gobierno a mejorar las condiciones de educación, de seguridad pública o generar mayor competitividad en el país.
Ante los escándalos de corrupción en los que se encuentran los diferentes órdenes de gobierno, el nivel de legitimidad se encuentra en los niveles más bajos, es por ello que en algunos casos, el gobierno federal, los de las entidades federativas y los de los municipios continúan actuando en forma irresponsable accediendo al chantaje, con la finalidad de mantener sus privilegios y prebendas antes que agotar el poco margen de legitimidad que aún tienen para ejercer sus cargos y los recursos públicos que ello implica.
Las manifestaciones públicas y privadas chantajistas continuarán hasta en tanto comprueben que son más rentables estos mecanismos de presión que trabajar y cumplir con sus responsabilidades, tal como lo hace el resto de la población.
Hacemos votos porque el diseño del sistema anticorrupción y de la reforma del Mando Único mejoren los instrumentos del Estado para enfrentar los problemas que padecemos, aunque no albergamos demasiadas esperanzas por las razones que abordaremos en siguientes colaboraciones.
*Abogado postulante
Twitter: @asalinastorre
