Defensa de la arquitectura moderna
El grupo Docomomo salvaguarda del patrimonio construido en el siglo XX
Con un título tan largo como el de la Fundación que lo publica, este libro presenta 28 artículos de especialistas que se ocupan de la conservación del patrimonio arquitectónico moderno de México, desde 1900 a la fecha (I. San Martín/ G. Lee Permanencias y devenires de la arquitectura moderna en México. Docomomo, México, 2018). El grupo internacional Documentación y conservación de edificios, espacios y conjuntos del Movimiento Moderno se constituyó en México en 2003 y ha realizado conferencias, exhibiciones, denuncias y publicaciones que han sido una valiosa contribución para conocer y proteger los edificios modernos de nuestro país. Los textos son evidencia del avance que se ha tenido en México sobre la evaluación y defensa activa de ese legado que distingue a muchas de nuestras ciudades.
Es conveniente que esta labor sea reconocida por las autoridades de la Secretaría de Cultura y de los gobiernos de la CDMX y los estados, para que se pueda preservar y proteger un patrimonio que, en el caso de nuestra ciudad, tiene obras de gran calidad: como el Hospital Gea González —obra del arquitecto Villagrán— que se quiere demoler, con el dictamen de un DRO. Éste es un edificio que el grupo Docomomo debe defender, exigiendo a las autoridades una evaluación técnica de su estado, que sea independiente del interés por destruirlo.
El libro se enfoca en la salvaguarda del patrimonio construido en el siglo XX en diversas ciudades: como las de Guadalajara, Mérida, México, Monterrey, Oaxaca o Tapachula. La participación de estos arquitectos e investigadores muestra la reflexión crítica que se ha desarrollado, a partir de la crisis y contradicciones del desarrollo de las ciudades mexicanas.
También hay textos que recuperan a algunos de los protagonistas de la modernidad, tanto arquitectos, como ingenieros. En el libro es notable la participación —casi igualitaria en género— de investigadores que se han distinguido por su dedicación y profesionalismo.
He tenido tres experiencias en la defensa del patrimonio. Con la autorización del INBA, remodelé una casa del arquitecto Juan Segura (1929), en Parque México; defendí la remodelación del Palacio de Bellas Artes (Casa y Tiempo nos. 50-51, UAM, nov. 2011) y protesté públicamente por la demolición casi total del conjunto Súper servicio Lomas, del arquitecto Kaspé que, después de intentos por construir una Torre Bicentenaria, ahora tiene un edificio conocido popularmente como “el totopo”. En la 1ª recuperé una casa valiosa; en la 2ª estuve a favor de la controvertida remodelación, y en la 3ª, en contra de la demolición, porque el INBA perdió el fallo del juez que la autorizó, justificándola: “… porque no se pudo demostrar el valor cultural del edificio original”; como si eso se pudiera pesar, o medir… Este antecedente es muy grave, porque ahora cualquier edificio del siglo XX con valor patrimonial puede ser demolido con el mismo argumento. Ese ejemplo también es evidencia de la especulación inmobiliaria que ha demolido edificios y conjuntos valiosos, como el Manacar o el Bancomer en el sur de nuestra ciudad, para intensificar el uso del suelo y las ganancias que genera.
Las contribuciones de este selecto grupo prueban el valioso trabajo que realizan en algunas universidades, entre las que destaca la UNAM, gente dedicada a reflexionar sobre la permanencia y el futuro de la arquitectura del siglo XX en México, como señala Louise Noelle, presidenta de Docomomo.
