China: más es más
El avance más significativo de ese país es que 850 millones han salido de la extrema pobreza. Este año los pobres son sólo 55 millones
Un país que construyó la Gran Muralla, que durante siglos fue la construcción más grande y extensa del mundo, tiene una tradición que no se detiene ante grandes retos.
Un estudio reciente del Banco Mundial (China, The Systematic Country Diagnostic) analizó el avance que ha tenido China en diversos aspectos.
El más significativo es que 850 millones han salido de la extrema pobreza. Este año los pobres son sólo 55 millones y para el año 2020 se habrá eliminado la extrema pobreza en ese país de mil 300 millones.
Además, en 35 años —desde 1978— el ingreso per cápita se ha incrementado 16 veces; y la productividad por trabajador ha aumentado 12 veces.
Ese crecimiento se ha sostenido por años, por arriba del 7% del PIB. Las cifras son impresionantes y se puede criticar que son exageradas por las autoridades chinas, con fines propagandísticos. Pero para ellos más, es más; y no se puede negar que ese desarrollo es comprobable.
Una enorme cantidad de infraestructuras y edificaciones son la prueba de que China sigue avanzando a pasos cada vez más acelerados. Han construido el aeropuerto, el edificio, el puerto de contenedores y una red de trenes rápidos —de 12 mil kilómetros— que son los más grandes del mundo; y el puente sobre el mar y el oleoducto más largos. También tiene el tren de China a España —que ya se inauguró— y su ruta es más larga, y supera a la del tren Transiberiano.
La cobertura de educación primaria y secundaria es de 100%, y en educación media y superior la cobertura llega a 50%.
Ante la necesidad de aumentar sus cuadros profesionales, están diversificando la educación superior, transformando universidades en escuelas técnicas; ahora con un programa para convertir a China en una potencia mundial en las actividades del diseño.
En este aspecto, China optó por una solución pragmática: primero contrató arquitectos y diseñadores extranjeros; después los obligó a que tuvieran oficinas en China; lo siguiente fue que tuvieran ayudantes chinos y colaboraran en programas universitarios y lo último es que China ya tiene —en sólo 35 años— miles de diseñadores y un Premio Pritzker.
¿Cómo explicar ese impresionante avance?
Para lograrlo, China desarrolló una planificación que le permitió avanzar en aspectos fundamentales: creación de industrias y empleos, construcción de infraestructuras y edificaciones y mejora de la educación en todos los niveles.
Además de planear, han ejercido enormes recursos, y tienen un control que permite anteponer el bienestar del país por encima de cualquier otro. Muchos critican que así se restringe la libertad, aunque para los chinos ese concepto se acerca —en Occidente— al libertinaje.
En los próximos años se han propuesto mayores retos: invertirán 115 billones de dólares en nuevos aeropuertos, ampliarán su red de trenes, construirán un túnel submarino del doble del Canal de la Mancha; tendrán la instalación más grande del mundo de turbinas de viento, con la capacidad de generar 20 mil megawatts y, en Shanghái, están realizando el mayor parque de diversiones, con una inversión de cinco billones.
Muchos analistas advierten que las inversiones de China representan un enorme riesgo, que puede producir una crisis o una parálisis en su crecimiento, porque su deuda interna es tres veces mayor que su economía.
Sin embargo, el exdirector del Banco Mundial en China comentó: “Acelerar el gasto en infraestructura tiene sentido en este país, donde el capital y la mano de obra estaban subutilizados”.
