Usos del espacio público

Un ejemplo del uso público del Jardín Pushkin ha sido la promoción del juego de Petanca.

Había muchos visitantes en el Jardín Pushkin. La tarde era tranquila y el sol aún brillaba entre los árboles. El parque es uno de los que tiene la colonia Roma, y remata en las avenidas Álvaro Obregón y Cuauhtémoc. Recientemente fue remodelado, después de estar deteriorado por muchos años. La iniciativa del gobierno de la ciudad permitió que se cambiaran los pavimentos y se colocaran nuevas bancas y lámparas que han hecho que mucha gente disfrute este espacio. Ésta y otras rehabilitaciones en parques públicos han sido un acierto por la cantidad de personas que ahora los usan.

Los niños jugaban en la zona norte del parque, en espacios circulares especialmente diseñados, que están llenos de gritos y risas porque ellos tienen así un lugar especial y protegido, en el que las madres pueden sentarse a verlos jugar. Igualmente importante ha sido la iniciativa para crear los parques de “bolsillo” que, en diferentes tamaños, han permitido que se coloquen juegos infantiles que brindan a los niños lugares seguros y dignos.

Otro ejemplo valioso del uso público del Jardín Pushkin ha sido la promoción del juego de Petanca. Esa iniciativa fue apoyada por Dhyana Quintanar y ha sido continuada por Roberto Remes de la Autoridad del Espacio Público. Sólo se necesitaron dos canchas de arena apisonada, de cuatro metros de ancho por 15 de largo, y el entusiasmo de niños, jóvenes y adultos, que ahora conforman una Liga Metropolitana; que se reúne para jugar todos los martes a las 18:00 horas.

Ese juego, original de Francia, es muy parecido a las canicas o a los bolos. La diferencia es que Petanca se juega con bolas de metal que caben en la mano y que se arrojan para acercarse a una bola pequeña —color naranja— que se lanza a la cancha al iniciar cada juego. Todos pueden jugar; niños, mujeres, adultos mayores o personas con discapacidad en las piernas. Lo sorprendente es que una iniciativa tan sencilla tenga tal impacto y permita que el parque sea usado más y mejor por personas de todas las edades. Un ejemplo más de que no se necesitan grandes presupuestos para hacer que un espacio público sea memorable y valioso; sólo se requieren ideas y obras ingeniosas para que la gente los use y disfrute.

Esos espacios públicos son en los que la sociedad convive y muestra su diversidad y sus contradicciones, y son también donde puede expresar sus demandas y sus conflictos. Por eso muchas autoridades no cuidan ni protegen los espacios públicos; y prefieren que se deterioren o privaticen con rejas y bardas, que impiden su uso.

Son espacios que relacionan a las personas y que ordenan las construcciones; que marcan a la vez la identidad de los barrios o zonas urbanas y la continuidad de las distintas partes de la ciudad. Esos espacios están ahora en crisis, y su deterioro limita el “derecho a la ciudad”. De hecho, se puede comprobar el avance democrático de una sociedad visitando los espacios públicos de cualquier ciudad. Por eso es tan importante que se protejan y preserven; por eso ha sido tan valioso que las aceras y bardas del Bosque de Chapultepec se conviertan en una galería pública; y por eso es imprescindible que se cuiden y limpien las plazas, parques y jardines de la ciudad.

Ese martes ya era de noche en el Jardín Pushkin, no había niños jugando; había algunas parejas y, todavía, muchos jóvenes y no tan jóvenes jugaban Petanca. Sorprende ver que con algo tan simple se tenga un lugar de convivencia tan agradable y concurrido.

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