Soñar para crear
De Gaulle fue un gran estadista y logró crear la Quinta República en Francia.
El futuro pertenece a quienes creen
en la belleza de sus sueños.
Eleanor Roosvelt
Estoy seguro de esto. Ninguna buena persona que se considere mexicano respondería negativamente a una pregunta tan sencilla como: “¿Desea usted el bienestar y la prosperidad para México?".
Es posible generar unidad en torno al sueño. Pero es estéril, esperar que todo mundo piense en la misma manera en como lograrlo. Por eso, primero tenemos que sentarnos a la mesa y ponernos de acuerdo en qué país queremos.
El cómo viene después. Y será primordial escuchar a todos los actores sociales.
Como consecuencia, generar la colaboración de personas e instituciones. No importa su origen, pero que carezcan de la miope visión del egoísmo estúpido en su alma.
Que aporten experiencia, sabiduría; que gocen de sensibilidad social y conciencia de la trascendencia humana; con capacidades intelectuales y técnicas.
Y con la magna y hermosa misión de concebir un proyecto de nación libre, equitativa, incluyente y civilizada; respetuosa de su diversidad y unida en su misión.
Proyecto para construirse en el largo plazo, durante los próximos 30 a 40 años. Es un tema complejo por naturaleza.
A la complejidad del mundo actual habrá que abordarla, necesariamente, con una disciplina y visión, si no integradora, porque la propia complejidad lleva en sí misma la paradoja de una imposibilidad de unificar, sí con una estrategia multidisciplinaria e interinstitucional.
No podemos resignarnos a un saber parcelarizado; no podemos aislar un objeto del estudio de su contexto, de sus antecedentes, de su devenir, anota Edgar Morin.
Y la actitud de cómo afrontar el futuro conlleva a comprender que las verdades profundas, antagonistas unas de las otras, deben de ser complementarias, sin dejar de ser antagonistas. “No se puede reducir la fuerza de la incertidumbre y la ambigüedad”, complementa Morin.
Muchos considerarán una quimera esto. No obstante, en el mundo abundan “lecciones del espíritu quimérico”:
Charles de Gaulle fue un gran estadista y logró crear la 5ª. República en Francia. Churchill se convirtió en pilar en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial cuando casi todos los ingleses dudaban de él. Los Padres de la Nación estadunidense soñaron con la Independencia y un nuevo país; José María Morelos y Pavón vislumbró en sus Sentimientos de la Nación la esencia de México...
Steve Jobs tiene una estupenda frase dirigida a inventores, a empresarios, a líderes que piensan más allá de lo convencional:
“Las personas que están suficientemente locas para pensar que pueden cambiar el mundo, son las que lo hacen”.
Pareciera que es una sugerencia “utópica” impulsar a “soñar el país que se quiere”, valga la redundancia.
Estoy seguro de que, para cualquier arquitecto, al menos terrícola, es prácticamente ineludible, y me atrevería a decir que es un proceso axiomático, el que se sigue para desarrollar un proyecto arquitectónico ejecutivo.
Se debe soñar para crear. Una vez que se plasma el esbozo del sueño se procede a elaborar y a tomar decisiones con respecto a todo aquello que será material y tangible.
Alguien, en algún momento, se adentró en el etéreo y sublime mundo de los sueños con el fin de concebir, idear, maquinar esculpir y construir algo... que pertenece al concreto mundo de lo tangible y material.
Es lo natural, lo obvio en cualquier proceso creativo. Así funcionamos humanamente.
