El contraste urbano

Falta reflexionar sobre los espacios tradicionales y su gran potencial. Conectar peatonalmente los barrios

Poner las necesidades de la población que usa y vive en las ciudades por delante de todo, es una tarea primordial de cara al futuro.

Jan Gehl

(Dedicaré los siguientes espacios de mi columna a reflexiones sobre la temática del urbanismo y el diseño urbano. Algunos de estos trabajos están basados en reflexiones realizadas durante las clases cursadas con el arquitecto Miquel Adrià, coordinador de la especialidad en Diseño Urbano, en Centro Universidad).

París no sólo es un diamante para amantes y caminantes... Es mucho más que eso. Caminarla significa vivir y recorrer gran parte de la historia del mundo occidental. París, la polifacética. La ciudad que ilumina. La Ville Lumière... Profundamente sabia y a veces, descaradamente abrumadora. Símbolo inequívoco de la esplendidez monárquica. Pero también, insignia irrefutable de valores republicanos.

Elegantemente burguesa y dulcemente popular. Alegoría de la grandeza imperial napoleónica y encarnación de intensa rebeldía intelectual. Profundamente religiosa y matriarca del cuestionamiento espiritual. Metáfora de la pulcra conducta y la inocente candidez. Emblema de la sublevación del pensamiento.

Encarnación de amadas y hermosas tradiciones. Divisa de trascendentes revoluciones y memorables evoluciones. Los escenarios que se develan al pasear por París son múltiples. Diversos dialécticos, contrastantes, prosaicos y por supuesto poéticos.

París, la polifacética. La que no se acaba nunca. La que te toca el alma y te ilumina el espíritu. La Ciudad Luz se le manifiesta a cada quien de diferente manera. Se goza y se sufre, pero se vive. “París bien vale una misa”, habría dicho Enrique de Borbón, a la postre Enrique IV, antes de que se viera obligado a casarse con Margarita de Valois.

Dependiendo de la propia búsqueda, emergerá la estampa. La experiencia es diversa, abundante y espléndida. La pluralidad cultural de sus barrios nos permite apreciar historias, novelas, leyendas y mitos construidos alrededor de esta hermosa ciudad.

Desde el carácter tradicional del Barrio de la Ópera, atravesado por los grandes bulevares, obra urbana trascendental del barón *Haussmann; sus tradicionales passages, sus grandes almacenes y la espléndida Ópera Garnier. Pasando por la espectacularidad de los Campos Elíseos, sus cafés, tiendas y cines. Sus calles aledañas aglutinan algunos de los mejores hoteles parisinos y restaurantes de categoría.

Muy cerca, la rue Saint-Honoré, sede del lujo y del poder en Francia. El Palais de l’Elysée, residencia del presidente de la República se localiza ahí. Al igual que numerosas embajadas y las boutiques de lujo más reconocidas.

La elegancia y monumentalidad del barrio de Les Invalides. Sus amplios y aristocráticos edificios, el École Militaire; el Parc du Champ du Mars y, por supuesto, la Torre Eiffel, uno de los monumentos más reconocidos del mundo y símbolo del avance industrial y tecnológico de París en el siglo XIX.

Hasta el encantador, pintoresco y bohemio barrio de Montmartre. Donde artistas, pintores, locales y turistas se entremezclan en los museos, brasseries, la agradable Place du Tertre y la majestuosa basílica del Sacré Cœur. Todo esto y más... París, la tradicional, la glamorosa. París, la conservadora, la rebelde... París, la neurótica, la contemplativa... París... siempre París.

El contraste con nuestras ciudades en México es abrumador... el peatón aún no tiene la prioridad. Algunas de nuestras ciudades son de traza renacentista. Otras se desarrollaron bajo el concepto del “plato roto”. Pero todas son de grandes contrastes. Igual que París, sin embargo, aún seguimos en busca de nuestra propia identidad. Y eso se refleja en lo urbano, en donde habitamos... Entre lo liberal y lo conservador. Entre lo revolucionario y lo tradicional, entre lo colonial y la urbanización sin planeación...

Falta reflexionar sobre los espacios tradicionales y su gran potencial. Conectar peatonalmente los barrios. Falta involucrar a la sociedad y tejer un proyecto urbano con perspectivas modernas, sostenibles; con mejor calidad y que impulsen el desarrollo económico y social. Falta “hacer ciudad”, como dicen los urbanistas. Es necesario devolverles la ciudad a los peatones. Es fundamental, como dice Jan Gehl, el afamado arquitecto y urbanista danés, que las ciudades se construyan para la gente. Es uno de los mayores retos del siglo XXI de nuestra sociedad globalizada.

Temas: