En la diferencia está el detalle
Una persona auténtica se deja ser, se permite pensar y no se juzga.
Desde que nos despertamos hasta que nos dormimos buscamos aprobación de todo tipo. No está mal, por lo menos no es anormal, así somos los seres humanos: animales de sociedad con una necesidad profunda de pertenecer, embonar, calificar para ser “parte de”.
Nuestra sociedad se ha vuelto bastante caótica, no sólo porque somos muchos y ahora estamos demasiado comunicados con la nueva era de las redes sociales, sino porque todos creemos tener la verdad absoluta. Y ante eso, quien piensa diferente está mal. ¿Absurdo? ¡Tal y como suena!
Nos da pánico ser diferentes, pensar diferente, crear discordancia con un grupo, llámese pequeño como un salón de clases o gigantesco como Twitter. Nos camuflamos entre todos los que se ven igual para no llamar la atención, para no ser la mosca en el arroz que provoque que el resto se enfurezca porque somos diferentes. Pasamos de borregos a cobardes en un solo pestañear.
A la borregada no le gustan los diferentes. No le gusta que alguien brille, porque quienes pertenecen a la borregada renunciaron a su derecho de brillar cuando accedieron a cerrar la boca y asentir a todo lo que en su entorno se decía, hacía o tornaba. Cuando asintieron a vivir su vida de prestado, con ética prestada, valores prestados, creencias prestadas y virtudes prestadas.
No debemos tener miedo de la borregada, a quienes les gusta brillar y ser auténticos sin temer a la furia de los que se mueven en conjunto, no deben detener su camino pues es mejor generar discordancia en el grupo de iguales que ser parte de ellos.
Hay un mundo aparte del que vive la borregada y puede ser mucho más sano y divertido.
Con esto no digo que hay que ir en contra de todo. De hecho, no ser parte de la borregada no significa estar en el otro lado por completo, pues se cae en el bando de rebeldes que terminan siéndolo por deporte más que por una causa, al final son lo mismo que la borregada.
Una persona auténtica se deja ser, se permite pensar y no se juzga. No importa si los pensamientos parecieran ir en contra de lo establecido, no importa si los sueños son discutibles o refutables.
Cuando uno escucha esas frases manidas como “sé tú mismo” hay que darles la vuelta y sacar el jugo de su esencia. La borregada repite estas frases, los seres brillantes y diferentes, las aplican. La borregada ataca a quienes aplican las frases que ellos predican, los auténticos no tienen oídos para la borregada.
Vivimos en un mundo en el que somos manipulados constantemente, llevados por todas las fuerzas de los pocos que tienen el poder en sus manos para que seamos lo que ellos quieren que seamos, pensemos, actuemos, comamos, vivamos y hagamos lo que esas pocas personas calculan como “lo correcto”.
Sin embargo, con todo y que vamos en un mismo barco, en nuestras manos tenemos la opción de generarnos nuestro propio micromundo, nuestro muy personal espacio para compartirlo, no con todos nuestros contactos de FB, sino con nuestra tribu de la vida real: familia, amigos y demás seres que en carne y hueso comparten nuestras vivencias.
Ser auténtico y por ende ser feliz es mucho más fácil de lo que pensamos: es dejarnos ser, dejarnos pensar, permitirnos admirar y migrar fuera del cajón en el que nos hemos metido —un tanto a la fuerza y otro tanto por voluntad propia— hacinados con la borregada que no nos permite darnos cuenta de que es más complejo pretender que simplemente ser.
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