El mundo virtual de Cirilo
Los juegos de vídeo, más que una adicción, pueden ser una vía de escape.
Leyendo ActitudFem me encontré con un artículo sobre los hombres que no crecen. Que se quedan soñando entre nubes de papel que van a ser grandes rockeros, por ejemplo, y a sus casi 40 años siguen durmiendo en el sillón de sus papás.
De este tipo de caballeros hay muchos, pero en esta nueva era hay otra especie que me pone los pelos de punta: los adictos a los juegos de vídeo (si es que a eso se le puede llamar adicción).
En una revista colombiana encontré la historia de una chica que contaba cómo su matrimonio lo acabó una consola de Xbox.
Cirilo prefería plantarse toda la noche frente a un juego de video que salir a cenar con su mujer. Sin mencionar que el sexo quedó relegado a cuando el hombrecito se le engarrotaran las manos de tanto aplastar botones y palancas. Luego, como las tenía engarrotadas, no podía ni tocar los botones de Cirila.
Un estudio realizado comprobó —según— que las redes sociales e incluso los juegos de video tienen el mismo poder de adicción que algunas drogas de diseño. Es decir, dicen, que hay lugares del cerebro que se activan cuando una persona deja de consumir la droga a la que es adicto, sustancias que se secretan que hacen que corra a buscar, sí o sí, lo que le calme la “eriza”.
Al parecer, las redes sociales y los juegos de videos provocan reacciones similares. Tanto que hasta hay lugares de rehabilitación a estos estímulos virtuales que están consumiendo el tiempo y la vida de las personas.
Una persona que tira su matrimonio por la borda por jugar Xbox, definitivamente no tiene un comportamiento sano, de hecho, sí me refleja al comportamiento de cualquier adicto: sea al alcohol, a una droga o a este tipo de estímulos. Pero vaya usted a saber…
Y, ¿qué hacer en estos casos?
No tengo la menor idea. Probablemente es importante una buena comunicación, pero sobre todo, pienso, que si un hombre se vuelca en una consola de vídeo, puede ser posible que haya algo más de fondo que una simple adicción virtual.
Ya conocemos a los Cirilos, cuando ellos no son felices se encuevan en alguna actividad y de ahí no los despegan ni con espátula. Si Cirilo se vuelve un vicioso de matar zombies, no está de más detener el ímpetu de romperle el control en la cabeza y preguntarnos cómo se encuentra nuestra relación.
Es verdad que Cirilo ya puede tener una fijación con estos juegos desde antes, incluso puede ser que no necesite que algo vaya mal para que él juegue. Pero estoy segura que en la mayoría de los casos, los juegos de video, más que una adicción, pueden ser una vía de escape.
Hoy en día a todo le ponen nombre de enfermedad, de adicción, de aberración. Si no es porque sufres de síndrome de falta de atención, entonces tienes adicción a los gummy bears.
Mejor, en vez de dar por sentado que Cirilo es un adicto al botón X, intenta descifrar si lo que pasa es que prefiere pasar la noche con zombies que contigo o si realmente necesita terapia de choque en la casita de la risa.
Ahora, si no hay nada qué hacer, puedes romperle el control en la cabeza.
