¿Cuándo le tocará el turno al racismo y la intolerancia locales?
Lo que más ofende son esos intelectuales que se regodean criticando a Trump y ellos jamás han señalado el racismo contra nuestros indígenas
Los enfrentamientos recién registrados —sábado 12 de este mes— en Estados Unidos entre grupos de supremacistas blancos, racistas y neonazis, y quienes se opusieron a ellos, han sido publicitados en los espacios mediáticos.
Asimismo, la declaración imprecisa —caracterizada por la ambigüedad del presidente Trump quien, en la práctica, equiparó a los grupos que parecen vivir en el siglo XIX en materia de ideas con quienes protestaron por la violencia que aquéllos desataron—, recibió una avalancha de críticas desde todos los frentes.
Incluso correligionarios del Partido Republicano criticaron, abierta y acremente, su ambigüedad que se tradujo, en la práctica, como un apoyo no velado a los supremacistas blancos, los racistas y a los grupos neonazis. Este lunes por la mañana debió rectificar y condenar explícitamente al llamar por su nombre a quienes, en el colmo del atraso y una visión retrógrada, piensan que la Guerra de Secesión no ha terminado todavía.
Los enfrentamientos violentos son, por desgracia, una realidad en los tiempos que corren, no únicamente en el sur de Estados Unidos, sino también en no pocos países europeos. El rechazo a los migrantes y las muestras de odio racial y la más salvaje xenofobia, evidencian resabios cuyo origen se ubica siglos atrás.
Esas muestras de odio de los sectores más retardatarios hacia los diferentes, los ajenos y los que no piensan como ellos, son, las más de las veces, abiertos y violentos. Eso permite su identificación y si me lo permite, su combate. Las muestras externas de su forma de pensar —la cabeza rapada en quienes forman parte de grupos neonazis, o los uniformes de la Alemania nazi con sus suásticas hitlerianas exhibidas con orgullo— permiten, como dije, su identificación, lo que permite a la policía y la autoridad actuar en contra de ellos con mayor eficacia.
Sin embargo, ¿qué sucede en otras sociedades donde, con una actitud hipócrita, grupos amplios de la sociedad practican un racismo oculto pero ofensivo, y un desprecio hacia los que consideran inferiores? ¿Cómo identificar a esos individuos que excluyen y no toleran al que consideran inferior, tanto por su color de piel como por su aspecto?
¿Qué hacer en México, con ese racismo y desprecio al indígena? ¿Qué hacer cuando, por encima de la realidad de nuestro mestizaje, no faltan los que por el tono de su piel se consideran superiores o, franca y ridículamente aristócratas? ¿Qué hacer con aquellos, no pocos por desgracia, que a pesar de venir de esos sectores excluidos y ser víctimas de la intolerancia y el racismo, se convierten en los que peor los tratan a los que no tuvieron la suerte de ascender económica y socialmente?
Por lo demás, lo que más ofende es la actitud de esos intelectuales y comentaristas que se regodean criticando a Donald Trump por su falta de claridad en la condena expresada el sábado y ellos, jamás se han atrevido a señalar el racismo, la exclusión y el desprecio que aquí mostramos y practicamos en contra, por ejemplo, de nuestros indígenas.
Bien por los señalamientos en contra de quien se exhibió ambiguo y hasta cierto punto cómplice con los supremacistas blancos, y los racistas y neonazis, y mal para quienes jamás han escrito o dicho algo en contra de los racistas mexicanos. Lo dice el refrán:
Farol de la calle, oscuridad de la casa.
¿Exagero? Lea por favor México Racista: Una denuncia, de Federico Navarrete. Y no se ofenda si se viere ahí, tal cual es.
