Cuidado con los lobos con piel de oveja; a exhibirlos

Hoy, prácticamente no hay democracia alguna que esté libre de los efectos de ese binomio perverso: populismo y populistas.

Sin duda, en los tiempos que corren, el enemigo que todos quieren denunciar, pero pocos, muy pocos quieren derrotar en toda la línea, es el populismo. Con diferentes afeites y vestimentas diversas, en todos los casos hoy se presentan como la salvación y cura milagrosa de todos los problemas y además, a domicilio y sin el pago de la consulta y los medicamentos.

¿Es posible que tanta belleza sea verdad? Evidentemente no; ésa es la trampa populista al pretender hacer ver fácil e inocuo y rápido todo lo cual, evidentemente, será difícil, impopular y doloroso y también, debe decirse, resultado de un largo proceso que va a implicar, a todos, un alto precio a pagar.

La ventaja del populismo y del populista frente a la realidad que es enfrentar y resolver problemas estructurales evadidos por decenios, es esa facilidad que venden. Sin embargo, cuando llega el desengaño ante la mentira de esa forma de hacer política y del vendedor de ilusiones, ya es demasiado tarde.

¿Qué hacer para no dejarse engatusar por esos sinvergüenzas que, en aras de salirse con la suya, mienten de manera burda apoyados, lo saben bien, en el descontento de los muchos debido a una realidad ofensiva e inaceptable?

Si bien no hay una receta única e infalible para combatir de manera eficaz el populismo y a los populistas, hay algunas cosas que, quienes se dan cuenta del peligro que representan ambos, ayudarían a que muchos tomaren consciencia del peligro que está ante nosotros.

Hoy, la literatura sobre el populismo y los populistas, así como del peligro que representan es, por fortuna, amplia y fácilmente disponible en las librerías. Tomo de la colaboración de Fernando García Ramírez correspondiente a este lunes 3 de julio, el primer párrafo de ella: En las últimas semanas he leído, y comentado en este espacio, algunos libros (Contra la tiranía, de Timothy Snyder; La mente naufragada, de Mark Lilla; Para combatir esta era, de Rob Riemen; y Contra el populismo de José María Lasalle), cuyo común denominador es una muy clara advertencia: corremos el riesgo de caer bajo un gobierno populista que acabe con las instituciones de la democracia. (Las negritas son mías).

Comparto a cabalidad la opinión del autor en relación con el denominador común que señala, de esas cuatro publicaciones. Por otra parte, si usted me preguntare cuál libro compraría, de tener que seleccionar uno de los cuatro, mi selección sería la cuarta, el de José María Lasalle, no únicamente por enfocarse en España que siempre nos será cercano y muy útil lo que allá sucede para tratar de entender lo que aquí nos pasa, sino por la claridad de sus planteamientos.

Sin embargo, adquiera y lea el que guste, para que empiece a darse cuenta del peligro que para México representa, en los meses por venir, el populismo y los populistas.

Hoy, prácticamente no hay democracia alguna que esté libre de los efectos de ese binomio perverso: populismo y populistas. De ahí que en cada país donde la democracia sea la forma de gobierno, sus ciudadanos deberán ser los que tendrían que librar la batalla en contra de aquellos dos peligros.

En consecuencia, ¿qué sentido práctico tiene hoy, pontificar acerca de lo que deben hacer al respecto los norteamericanos cuando, lo que está frente a nosotros en materia de populismo y populistas, pretendemos ignorarlo? Sin temor y contemporización que valga con el populismo y populistas, desenmascaremos a López y a los suyos; es tarea nuestra, de nadie más.

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