Se acaba el año; ¿y el país, acabaremos con él?

Nuestra economía se debate en un crecimiento económico mediocre 
y con la perspectiva de ir a la baja aún más para los dos próximos años.

Un año más que se va; otro, el nuevo dentro de unos días comenzará. ¿Lograremos el próximo año concretar el ansiado objetivo que hemos perseguido desde la llegada de Hernán Cortés, que no es otro que acabar con el país? De seguir como van las cosas, y no corregir errores garrafales cometidos por el que se fue, en materia de finanzas públicas, si no acabáremos con México y su economía, al menos el boquete que le haríamos sería de magnitudes no vistas en muchos decenios.

Afirmar hoy que México enfrenta dificultades de índole diversa sería una perogrullada, un desgastado lugar común; lo mismo dicen en otros países. Sin embargo, en ellos se registra una diferencia sustancial con lo que vemos entre nosotros.

Para empezar, allá el gobernante toma las decisiones en su debida oportunidad mientras que aquí, el Presidente se tarda y tarda tanto, que lo que era al principio apenas un rasguño en el pie, cuando aquél decide, ya el pie está gangrenado.

Una gobernación responsable consiste, no únicamente en tomar las decisiones impopulares y dolorosas que obligan a la globalidad y la actual incertidumbre sino también, y a veces es lo determinante hacerlo en su debida oportunidad. Esa diferencia con nuestra gobernación es lo que evita en aquellos países el agravamiento innecesario de los problemas; sin embargo, a nuestro Presidente parece valerle un comino ese elemento, el de la oportunidad en la toma de decisiones.

Prácticamente no hay espacio de decisión en el cual no aparezca, como rasgo que lo distingue, el retraso en la toma de decisiones. Trátese de la entrega del original de las cartas credenciales de un nuevo embajador, o la sustitución de un funcionario fallecido o despedido, es siempre lo mismo: posponer y posponer.

¿Qué espera obtener el Presidente con esta política deliberada de no decidir en su debida oportunidad? ¿Juntar a 20 o más embajadores para recibirles en bola sus Cartas credenciales? ¿Acaso el retraso le permitiría seleccionar a un mejor candidato para el puesto vacante, fuere éste una secretaría o el consejero de un organismo autónomo?

La verdad, pienso, es muy diferente; es la abulia, el desinterés por la gobernación y quizás, el hartazgo y la prisa por terminar ya con esta monserga que, para él, es hoy gobernar este país.

¿Puede, en las condiciones actuales, un gobernante que así conduce la gobernación, entregar buenas cuentas al final de su mandato? Evidentemente, no; es más, es un triunfo que entregue un país en paz, deje usted una economía en crecimiento.

Hoy lo vemos; nuestra economía se debate en un crecimiento económico mediocre, permanente desde hace decenios, y con la perspectiva de ir a la baja todavía más para los dos próximos años: Esto es lo que nos entregará la gobernación actual. También, una violencia más desatada e impune —si esto fuere posible—, para este año y el próximo.

Es muy lamentable que, por encima de la interdependencia e integración económica que hizo posible el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el cual entró en vigor el 1 de enero del año 1994, no podamos beneficiarnos del regreso de la economía de Estados Unidos a la senda del crecimiento sostenido.

De ahí la pregunta del título: ¿Ahora sí, durante el año próximo, lograremos acabar con el país y su economía? De no lograrlo, téngalo usted por seguro, por ganas y esfuerzos sobrehumanos de no pocos miembros del gabinete no va a quedar.

Por favor, piénselo; verá que no exagero.

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