El resultado de la Ronda 1 este miércoles, fue un baño de realidad

Los inversionistas reaccionan con la sensatez y objetividad obligada; lo que hoy sobra es petróleo y lo que sobrará, al menos en los próximos cinco años, es petróleo.

Efectivamente, eso fue lo que vimos anteayer, un baño de realidad; un baño en serio para todos los que piensan que las ilusiones y deseos pueden ser concretados mediante el voluntarismo, y llamando a esos lugares comunes que tanto gustan a los ignorantes: echarle ganas y pensar en positivo.

A lo anterior, por si hubiera faltado agua para bañarlos, habría que agregar una falla más, la subjetividad en el análisis de las condiciones que privan hoy en el mercado petrolero las cuales, casi con seguridad, privarán durante los próximos dos o tres años cuando menos.

Desde hace innumerables decenios, los políticos sensatos jamás han hecho a un lado la conclusión elemental a que lleva el análisis objetivo de todo lo que tiene  que ver con el petróleo; dicho juicio nos enseña, que eso es, antes que otra cosa, un negocio, una búsqueda de utilidades, no una lucha patriótica en contra de las fuerzas del mal.

Esta última visión del uso de un recurso como el petróleo, es propia de políticos demagogos que buscaron, y aún hoy lo hacen con el mismo celo de  antaño, aprovecharse de la ignorancia de millones para, sin escrúpulo alguno, generar un lucrativo negocio a costa de aquéllos. Éstos,  jamás se dieron cuenta del saqueo que alcanzó —y aún alcanza en países como México— niveles ofensivos, tanto por sus montos como por el descaro de gobernantes, funcionarios y políticos corruptos para llevarlo a cabo.

Hoy, este gobierno, obligado por la situación de emergencia que representa la quiebra real de Pemex junto con la caída brutal de los ingresos producto de la exportación de petróleo, ha debido concretar lo que debimos haber llevado a cabo hace varios decenios cuando, es una perogrullada repetirlo, las condiciones que habríamos podido obtener eran óptimas.

La apertura a la inversión privada de algo que nada tiene de patriótico como es la exploración y extracción de petróleo, por fin ha sido concretada. Sin embargo, lo que fue una urgente corrección de nuestra postura patriotera y demagógica en materia de petróleo, lo celebramos como si fuere la segunda aparición de la Virgen del Tepeyac.

Más aún, dicho proceso lo llenamos de requisitos, no pocos de ellos absurdos, en el peor momento del mercado; además, para completar los desfiguros, nos comportamos como si estuviéremos haciéndole al mundo un favor pues nosotros, México y los mexicanos, somos los únicos que tenemos petróleo.

Los inversionistas reaccionan con la sensatez y objetividad obligada; lo que hoy sobra es petróleo y lo que sobrará, al menos en los próximos cinco años, es petróleo. ¿Por qué entonces aceptar las condiciones absurdas del que abrió la exploración y extracción de su petróleo, no por el convencimiento de que su posición durante casi ocho decenios fue una estupidez, sino obligado por el atraso productivo, tecnológico, operativo y financiero de su empresa productiva del Estado?

Hoy, la realidad nos da una lección valiosísima; nos muestra que el análisis frío y objetivo de toda inversión, es lo que debe ser y hacerse y no, como muchos hoy todavía se empeñan en mantener en México, poner por delante esa entelequia que nadie sabe bien a bien qué es, y menos qué significa, La Patria.

El ridículo que hemos hecho, es de pronóstico reservado. La Ronda 1 fue, para todo fin práctico, un verdadero fracaso. ¿Qué nos queda pues, no sólo ante el resultado obtenido sino ante una nueva realidad energética en el mundo? 

¿No lo adivina? ¡Cerrar Pemex!

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