La Secretaría de Economía ha realizado un cuidadoso análisis del impacto por industria, de las medidas de elevación de aranceles de productos importados de Asia, no sólo de China, también con países con los que no hay un acuerdo de libre comercio. China inició una investigación por prácticas desleales, porque el gobierno de México envió al Congreso la propuesta de reforma a la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación (LIGIE), en la que incluyó la modificación a los más de 1,400 aranceles para países de Asia sin tratados comerciales. Lo que se han producido son declaraciones, pero en China no ha impuesto a México ninguna medida de reparación comercial (represalia), en la investigación señalada. “No existe una medida específica de carácter arancelaria en contra de nuestras importaciones”, porque la asimetría regulatoria es evidente, para empezar, explica en gran parte la enorme diferencia que hay entre la participación porcentual de China en nuestras exportaciones (1.5%) y la participación de China en las importaciones mexicanas (19.8 por ciento).
México exporta menos de 10 mil 799 millones de dólares y es un viacrucis cumplir con sus reglas para venderles productos primarios, y les compramos más de 111 mil mdd, casi 60% productos de manufactura industrial que van desde teléfonos móviles y equipos de telefonía, cables, automóviles, autopartes, camiones, hasta videojuegos, consolas, bisutería...
Lo que es curioso es que el portavoz sin nombre diga que China podría aplicar represalias porque quienes se quejan son los distribuidores de marcas y camiones chinos, pero los industriales, como ayer fue notable en la 82 Asamblea de la Poderosa Caintra, todos los aumentos arancelarios que realizó el gobierno mexicano están dentro de las normas de la OMC (la que, por cierto, está realizando del 26 al 29 de este marzo, en Yaundé, Camerún, su Décimo Cuarta Conferencia Magisterial).
Ese cuidado hace poco probable que China pueda reclamarle a México algo contrario a las normas que rigen el comercio bilateral, y que son las de la OMC. La imposición de aranceles dentro de las reglas de la OMC es legítima, porque a México le cuesta mucho trabajo exportar a países con los que no se tiene tratado porque tienen aranceles altos que tienen que pagar los exportadores. Esto México nunca lo ha tomado como un acto hostil de carácter político o geopolítico cuando se impone ese tipo de aranceles, o la excesiva regulación. En el caso de China, la regulación sanitaria es un verdadero calvario, como sorgo o cerdo. Por el contrario, las misiones de compradores mexicanos a China son muy frecuentes, pero hasta ahora, México no se había replanteado mejorar su capacidad de producción industrial o de insumos básicos para el encadenamiento productivo, como las metas planteadas por el Plan México y los polos de desarrollo. México también exige reglas y piso parejos para la inversión, de manera que no sólo maquile, sino que también implique transferencia tecnológica (como ocurre en China) y valor agregado para potenciar el empleo manufacturero.
Es evidente que China es un gran socio comercial de México y del mundo, y prueba de ello es que el presidente Trump ya le puso fecha al encuentro que sostendrá en Beijing con el presidente Xi Jinping, y la presidenta Sheinbaum y, su equipo comercial, empezando por Marcelo Ebrard y el canciller Juan Ramón de la Fuente, lo consideran un socio relevante con el que hay que avanzar en las negociaciones comerciales, pues imponer un arancel no implica un acto de hostilidad a otro país, pues no fue el único que está pagando un arancel similar y, además, un porcentaje muy elevado del comercio bilateral tampoco está pagando un arancel alto.
DE FONDOS A FONDO
#Conabio… Ante la duda y tras recibir el mandato de revisión exhaustiva de las imágenes satelitales que ha dado a conocer Greenpeace sobre la mancha de crudo que se ha dispersado en el golfo de México, Conabio utilizó los servicios de archivo satelitales de la Agencia Espacial Europea, para revisar las imágenes publicadas. Lo interesante es que ponen sobre la mesa la posibilidad de que Greenpeace compara la imagen de origen con los que registra la agencia, dado que la mancha parece cada vez más grande, sobrepuesta. Si son buenas, ¡a las pruebas deberían remitirse!
