Sin maquillaje / arlamont@msn.com.mx / 13 de febrero de 2026

 

 

LAS MANECILLAS

 

¿Por qué las manecillas de los relojes giran hacia la derecha, quién lo decidió?

 

R. Los relojes se mueven en sentido horario porque su diseño imita el movimiento de las sombras en los relojes de sol usados en el hemisferio norte, donde se originaron los relojes mecánicos.

Los relojes de sol horizontales en el hemisferio norte proyectan sombras que se mueven en sentido horario a medida que el sol viaja de este a sur a oeste. Los primeros relojeros en Europa replicaron este patrón familiar al crear mecanismos con engranajes y manecillas. La mayor parte de la civilización humana y el desarrollo de relojes ocurrió al norte del ecuador, donde esta dirección de sombra se convirtió en estándar. En el hemisferio sur, las sombras de los relojes de sol se mueven en sentido antihorario, pero la convención europea dominó globalmente.

Una vez establecido, el sentido horario se convirtió en la norma universal para tornillos, pernos y otras rotaciones debido a la ergonomía para diestros y el precedente histórico. Existen relojes en sentido antihorario, raros como novedades o declaraciones culturales.

 

 

LOS FAVORITOS

 

¿Hay hijos favoritos? Pregunto porque yo nací tercero, después de mi hermano y mi hermana. Siempre he sentido que ellos son favoritos en mi familia, mi hermano, de mi mamá, y mi hermana es la “princesa” de mi padre, y yo, por ahí de quinta rueda?

 

R. Los padres juran que quieren a todos sus hijos “por igual”, con esa solemnidad que sólo se usa para negar lo obvio. Pero basta observar una tarde cualquiera en la sala familiar para descubrir la verdad: siempre hay un niño que recibe el abrazo un segundo más largo, la risa un poco más generosa, el “¿cómo dormiste?” con un tono que no se reparte democráticamente.

No es maldad, es biología emocional. A veces el favorito es el que no da problemas; otras, el que los da todos, pero con gracia. Puede ser el que heredó los ojos del abuelo o el que heredó la paciencia que los padres nunca tuvieron. El favoritismo es caprichoso, estacional, casi meteorológico: hoy, sol para uno; mañana, nubes para otro.

Los padres, por supuesto, niegan todo. Dicen que son imaginaciones, que “cada hijo es único”, que “no hay comparaciones”. Mientras tanto, los hijos —que detectan microgestos como si fueran analistas de la CIA— ya hicieron el ranking hace años.

¿Es dañino? Sólo cuando se convierte en trato desigual. Pero, en la mayoría de los hogares, el favoritismo es un pequeño teatro cotidiano: todos saben el papel que les toca, todos lo interpretan con dignidad y la familia sigue funcionando.

Al final, tener un favorito no significa querer menos. Significa ser humano. Y, en esa humanidad, los padres son tan previsibles como entrañables. Brindemos por ellos.

Aquí tienes una versión narrativa, irónica y con guiño cómplice, como si el narrador estuviera revelando un secreto que todos conocen, pero nadie admite.

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