CÓMO GUARDAR
Sr. Alfredo, en plena Cuaresma y para no quedar en mal, dígame, por favor, ¿cuáles son las acciones que debe uno seguir?
R. En Cuaresma se reconocen tres pilares/acciones: oración, ayuno y limosna y que tienen raíces antiguas que se consolidaron en los primeros siglos del cristianismo.
Su origen está ligado a la preparación bautismal: los catecúmenos se preparaban durante 40 días antes de la Pascua, y la comunidad entera los acompañaba con prácticas de purificación espiritual. La oración se fortaleció como herencia judía y monástica. Desde el siglo IV, cuando la Cuaresma quedó fijada como un periodo litúrgico, la Iglesia promovió una oración más intensa para imitar los 40 días de Jesús en el desierto.
El ayuno proviene de tradiciones judías y grecorromanas, pero adquirió un sentido cristiano específico: disciplina interior y conversión. En los primeros siglos, el ayuno era estricto y comunitario, especialmente los miércoles y viernes, y se entendía como preparación para el misterio pascual.
La limosna surgió como expresión social de la caridad cristiana. Padres de la Iglesia como San Agustín y San Juan Crisóstomo insistieron en que el ayuno sólo tenía sentido si se traducía en ayuda concreta a los pobres, convirtiéndolo en un acto de justicia y solidaridad.
En conjunto, estos pilares formaron un camino integral de renovación espiritual que unía cuerpo, comunidad y fe.
EL INTERMITENTE
¿Me puede decir cuáles son los beneficios del ayuno intermitente?
R. Con gusto le comparto los beneficios del ayuno intermitente, que quede claro, y del cual soy un asiduo practicante.
El ayuno intermitente no es una dieta milagrosa, sino una reorganización del tiempo en que comemos. La evidencia más consistente proviene de estudios que analizan ventanas de alimentación de 8 a 10 horas, dejando al cuerpo entre 14 y 16 horas sin ingerir calorías.
Ese descanso prolongado activa procesos de reparación celular, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce marcadores de inflamación. También favorece un uso más eficiente de la energía y puede ayudar a estabilizar el apetito.
Otro beneficio es conductual: al limitar el tiempo disponible para comer, muchas personas reducen el picoteo y la ingesta impulsiva.
No se trata de comer menos por obligación, sino de permitir que el organismo complete ciclos metabólicos que se interrumpen cuando comemos desde la mañana hasta la noche. Sin embargo, no es un método adecuado para todos: personas con diabetes, trastornos alimentarios o necesidades energéticas específicas deben consultarlo con un profesional de salud.
Para la mayoría de los adultos sanos, el ayuno intermitente es una herramienta razonable para mejorar la relación con la comida y darle al cuerpo un descanso que rara vez obtiene en la vida moderna.
