Podemos observar en las noticias cómo Estados Unidos no está vacilando en sus intenciones: irán a destruir a cualquier rival; si es necesario, no dejarán ninguna duda de su capacidad destructiva.
Una disculpa si el anterior párrafo llevaba a pensar otra cosa, sucede que al Team USA a presentarse en el anoche comenzado certamen del Clásico Mundial de Beisbol (WBC) le llegó durísima la inercia de la medalla de oro conseguida por la rama femenil y varonil en un deporte el cual les había sido esquivo: el hockey de los Juegos Olímpicos Invernales.
Bueno, pues ya vimos una exhibición de lo que traen los muchachos estadunidenses comandados por el gigantón con sonrisa de niño llamado Aaron Judge y… ay, mamita, a ver quién detiene a esa máquina de las barras y las estrellas.
Mucho se habló de que ese país hermano, República Dominicana, trae a Juan Soto y a un orden al bat al cual “no le duele nada”, cuando siempre arman un trabuco también los quisqueyanos, incluso en algunos power rankings los ponen parejísimos con los mencionados vecinos nuestros del norte.
Nunca sobra mencionar a quienes vienen como también favoritos (¿superfavoritos?) con el escuadrón samurái, con el quizá más ampliamente apto, más famoso y más mencionado de nuestra época en la persona de un Shohei Ohtani, quien puede ser una especie de “CR7” (ustedes disculpen) en cuanto a liderato para un equipo de nuestro rey de los deportes.
Estados Unidos simplemente avasalló en su primer juego ya con el uniforme a mostrar en el evento del WBC de este 2026 (por cierto, chulísimas todas las franelas de la palomita), como dando a entender que sus cañones vienen debidamente preparados para la serpentina caribeña y oriental como sus posibles oposiciones.
Menciona bien el gran Tom Verducci el aspecto del pitcheo como una posible limitante para las aspiraciones estadunidenses: tanto en el conteo de lanzamientos como factor a considerar, cuando al mismo tiempo tantos toleteros pueden padecer en serio los envíos rompientes de la serpentina, tanto del elenco dominicano como del japonés, sin dejar de considerar (dicho por ese mismo autor) que nuestro MÉXICO puede ser un verdadero dolor de muelas y… de inicio, por igual, ¡aguas con la Italia engañosa!
Grandes Ligas juega mucha parte de su internacionalización con este evento: la máquina del dinero ya vieron —con sus colegas de la NFL— que debe moverse no sólo dentro de sus fronteras, cuando ya observaron cómo el oriente, con Corea y Japón, quizá son incluso más ávidos y hasta más ingeniosos, por ejemplo, si ya vieron las transmisiones del canal de beisbol coreano… ¡¡WOW!!
Por supuesto que emociona ya ver a las naciones en los diamantes y serán dos semanas de altísimo voltaje, sobre todo si los favoritos muestran de qué están hechos.
¡Gánalo todo, México!
