¿Y para cuándo el Plan Iztapalapa?
Alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco, Venustiano Carranza, Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Álvaro Obregón y Cuauhtémoc históricamente han sido de las más peligrosas de la CDMX. Tras el asesinato del alcalde de Uruapan,Carlos Manzo, el gobierno federal ...
Alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco, Venustiano Carranza, Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Álvaro Obregón y Cuauhtémoc históricamente han sido de las más peligrosas de la CDMX.
Tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el gobierno federal reconoció la urgencia de rescatar a Michoacán de las manos del crimen organizado que mantiene aterrorizada toda la región.
Ante la indignación social que despertó el artero crimen, en Palacio Nacional se sacaron de la manga el Plan Michoacán, que es una tercera versión de lo que en su momento hicieron los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña, respectivamente.
El problema es que buena parte del país está igual o peor y, siguiendo la lógica de la 4T, se tendrían que lanzar planes similares en Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Tabasco, Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Baja California y así sucesivamente.
Pero en este mapa no puede quedar exenta la capital del país, con varias alcaldías marcadas por la violencia y para las cuales Clara Brugada tendría que promover acciones similares a la de Claudia Sheinbaum en Michoacán.
Alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco, Venustiano Carranza, Azcapotzalco, Gustavo A. Madero, Álvaro Obregón y Cuauhtémoc, por ejemplo, históricamente han sido de las más peligrosas de la CDMX.
A diferencia de los dos últimos presidentes emanados de Morena, Brugada no puede culpar de la inseguridad a los gobiernos locales anteriores, pues casi todos ellos militan hoy de manera destacada en Morena.
Desde Andrés Manuel López Obrador, pasando por Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y la propia Sheinbaum, la inseguridad en esas alcaldías ha sido alta, y es hora que la percepción de eso no cambia.
Pocos son los que atreven a caminar a deshoras por calles de Iztapalapa, donde pululan bandas de asaltantes, vendedores de drogas, comercializadores de autopartes robadas y los homicidios son moneda corriente.
Sus vecinos de Tláhuac tampoco cantan mal las rancheras, sobre todo desde la llegada del grupo del exdelegado Rigoberto Salgado, al que se le relaciona con amistades peligrosas, incluyendo al extinto Felipe de Jesús Pérez Luna, líder del cártel local, abatido en 2017 por la Marina.
Y cómo dejar fuera a la Cuauhtémoc, con colonias como la Buenos Aires, Obrera y la zona de Tepito, entre otras, donde hasta la propia Policía le piensa para entrar.
Ni el gobierno puede negar la existencia de peligrosas bandas, que si bien son combatidas, se mantienen activas con delitos tan graves como la extorsión y el cobro de piso, un impuesto más que tienen que pagar los comerciantes.
Ante esto, nadie criticaría a Clara si lanzara el Plan Iztapalapa, por ejemplo, o planes similares en Tláhuac, GAM, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza y así sucesivamente, a pesar de que ese tipo de acciones no sirven de nada si antes no se destierra la colusión de autoridades.
El último plan exitoso fue el que Calderón implementó en Ciudad Juárez y que logró pacificar la zona por medio de una amplia intervención gubernamental para recuperar el tejido social; lo demás sólo es retórica.
CENTAVITOS
Donde la cosa está que arde es en el Tribunal Superior de Justicia de la CDMX, que en breve tendrá que decidir quién será la cabeza del Poder Judicial capitalino, y la situación es muy nebulosa, toda vez que una tercera parte de los magistrados son nuevos y su voto será decisivo. Y es que llegaron al cargo producto del famoso acordeón, por lo que varios se la deben a algunos diputados morenistas que están haciendo una interesante vaquita para inclinar la balanza en la elección; todo indica que buscarán una cara nueva para la presidencia.
