Sí, es la favorita... pero no de todos
A estas alturas del partido, nadie duda de que Claudia Sheinbaum es la favorita del Presidente para sucederlo dentro de tres años al frente del Poder Ejecutivo, pero eso no le garantiza absolutamente nada a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México. Por mucho que el ...

Adrián Rueda
Capital político
A estas alturas del partido, nadie duda de que Claudia Sheinbaum es la favorita del Presidente para sucederlo dentro de tres años al frente del Poder Ejecutivo, pero eso no le garantiza absolutamente nada a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.
Por mucho que el inquilino de Palacio Nacional quiera, si ella no crece lo suficiente tendrá que ser sacrificada, pues Andrés Manuel López Obrador no se arriesgaría a que la oposición recupere el poder y se cobre las facturas que la 4T está dejando a su paso.
Aunque inició el desmantelamiento de las estructuras institucionales a paso acelerado, el Presidente no tendrá tiempo de acabar y necesitará de alguien que continúe con el libreto y quien lo garantiza es Sheinbaum.
El proceso de selección interna no será nada terso y, si no sale bien, nadie duda de que Morena se extinguirá tan rápido como llegó al poder.
Porque el único personaje carismático con que cuenta el partido es el Presidente, quien, por ley, está impedido para hacer campaña en favor de sus candidatos. Y aunque pudiera, el
carisma y el liderazgo no se heredan. Al tabasqueño se le quiere o se le odia, pero no pasa desapercibido. Si bien no todos simpatizan con él, finalmente es el Presidente y eso pesa mucho; con Claudia la cosa sería diferente.
A ella muy poca gente la conoce, carece de experiencia política e incluso divide opiniones al interior de la 4T. Su único asidero es López Obrador, que, aunque no es poca cosa, no le
garantiza que vaya a ser aceptada.
Sus principales enemigos son Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, dos monstruos con un colmillo que raspa el piso por donde pasan, y es obvio que ninguno de los dos se dejaría mangonear si son presidentes. Por eso, si bien es cierto que Claudia es la opción número uno, también es la que tiene el camino más difícil, pues debe darse a conocer en el país sin descuidar su gobierno y, lo más importante, sin violar la ley.
Mientras que sus rivales internos se placean y hacen grilla a sus anchas, ella está anclada a atender los graves problemas de una ciudad tan demandante como la capital de la República.
Eso la obliga a poner pretextos ridículos para poder rozarse con actores políticos —básicamente mujeres— de otras latitudes, pues parte de la estrategia es armar una candidatura de género. O sea, que México tenga por primera vez una presidenta.
Si su candidatura no cuaja, López Obrador tendría que pensar en su segunda opción, que es Ebrard, para que no se le disperse el rebaño. Con el canciller —placeándose a gusto a nivel
internacional— podría tener el apoyo de empresarios, clase media y políticos de otros partidos.
Así la oposición quedaría disminuida y quizá la alianza tendría que inclinarse por Monreal, lo que evitaría que hiciera equipo con Marcelo; el tabasqueño no perdería del todo.