*La usualmente lenta Fiscalía de Bertha Alcalde actuó como de rayo en coordinación con el secretario de Gobierno, César Arnulfo Cravioto.
Quien haya convencido a Clara Brugada de intervenir el Refugio Franciscano, en el kilómetro 17.5 de la carretera México-Toluca, en busca de una medalla de heroína por asegurar un predio con más de mil animales presuntamente maltratados, no imaginó el daño que le haría.
En lugar de pasar como una funcionaria respetuosa de la vida animal, la hicieron quedar como Cruella de Vil, un mote que los grupos defensores de los animales no le quitarán jamás y que seguramente la perseguirá políticamente, pues esos grupos son muy activos.
El 7 de enero, un megaoperativo de la Fiscalía de Justicia capitalina y las secretarías de Gobierno, de Seguridad Ciudadana, de Medio Ambiente; la Procuraduría Ambiental y la Agencia de Atención Animal aseguró un predio en litigio judicial en la colonia Vista Hermosa.
La razón —dijeron— era que en ese lugar, perteneciente a la Fundación Antonio Haghenbeck, vivían en condiciones miserables más de mil especies, entre perros y gatos, que debían ser rescatados.
Fue así como la usualmente lenta Fiscalía de Bertha Alcalde actuó como de rayo en coordinación con el secretario de Gobierno, César Arnulfo Cravioto, para sacar a los animales hasta en camiones de basura y llevarlos en jaulas a diversos predios sin infraestructura alguna.
Y aquí vienen algunas preguntas que hasta un estudiante de derecho hubiera hecho: ¿por qué un actuario judicial ejecutó la sentencia del 8 de diciembre de 2025 que no se encontraba en firme? ¿Qué no debió esperar el Poder Judicial a que se agotara la apelación?
Si en realidad existía maltrato, médicos veterinarios y personal especializado pudieran haber atendido a los animales en el lugar antes de asegurar el inmueble, y tener listos lugares a donde trasladarlos en mejores condiciones; no arrumbarlos en una construcción en obra negra.
Pero pronto brincó la verdad sobre el desalojo con la fuerza pública, pues en ese terreno se plantea la construcción de 327 viviendas, según el dictamen SEDUVI/CGDU/1295/2019 del gobierno.
El predio, que por años fue hogar para perros y gatos en abandono, será destinado a un desarrollo inmobiliario, y muchos se cuestionen si la dupla de Cravioto y Verónica Blanco, representante legal de la Fundación Haghenbeck, tuvo algo que ver.
Habrá que checar si en la inscripción al folio real del Registro Público de la Propiedad y de Comercio de la CDMX el precio de venta fue de 650 mil pesos, porque entonces el gobierno podría expropiarlo para construir ahí la utopía animal que anunció Clara.
Porque esa cantidad se puede pagar hasta con un crédito del Infonavit… a menos que hayan sido 650 millones de pesos y no se haya corregido el folio.
Como quiera, el asunto salió tan mal, que las nuevas generaciones no le perdonarán a Brugada haber ido a aventar al Ajusco, donde no hay agua y sí un frío brutal, a cientos de animalitos. Y más si se comprueba que detrás de esa acción está un negocio inmobiliario.
CENTAVITOS
Y a todo esto, de quién sería la brillante idea de armar un show donde Clara apareciera conviviendo con perros en la obra negra de la utopía de GAM, queriendo engañar a la gente. Esa idea le hizo aún más daño a la jefa de Gobierno, pues la metieron en el terreno de las redes sociales, donde los animalistas son más poderosos que el equipo de Cruella de Vil. Ojalá el Cártel Inmobiliario de Morena disfrute su negocio, pues la factura política que podría pegar sería en las urnas el año entrante, sobre todo entre la Generación Z.
