En junio de 2006, la izquierda mexicana —encabezada entonces por el PRD— denunció un presunto fraude electoral en contra de su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien fue derrotado por el panista Felipe Calderón en una cerrada elección.
Las protestas opositoras culminaron con el cierre de la avenida Reforma, donde instalaron campamentos que paralizaron las labores en una importante zona del corazón de México. La capital fue la catapulta del mártir López Obrador, aunque el presunto fraude jamás se probó.
Doce años más tarde, al acceder por fin al poder, el tabasqueño se llevó con él a Palacio la figura de Calderón, a quien convirtió en su demonio preferido para cargarle todos los males del país, y justificar el fracaso del gobierno de la 4T.
En octubre de 2024, Venezuela celebró elecciones presidenciales, en las que los opositores mostraron las pruebas que daban el triunfo por amplia mayoría a su candidato, Edmundo González sobre Nicolás Maduro, quien se negó a mostrar las actas; Morena calló como momia.
Hoy que Estados Unidos depuso al dictador, que había hecho de su país un coto de poder personal y lo tenía sumido en una terrible crisis financiera y de derechos humanos, los morenistas se rasgan las vestiduras por el derrocamiento del tirano, que era su aliado.
Cierto que hubo una atroz acción de Estados Unidos al violar la soberanía de Venezuela, pero la entrada de tropas norteamericanas era la única vía para terminar con una dictadura que apoyaba y financiaba a otras similares en América Latina.
Eso, para los estadunidenses, era tomado como un asunto de seguridad nacional, y fue el pretexto para su incursión militar, aunque era obvio que Donald Trump y los magnates de su país se relamían los bigotes con las reservas de petróleo más importantes del mundo. Pero de ahí al desgarramiento de las vestiduras guindas hay todo un mundo de diferencia. Si la 4T jamás condenó el fraude electoral de Maduro en 2024, hoy que cayó mejor deberían apelar a la prudencia y dejar que otras instancias diriman el asunto.
¿O en serio creen que a alguien en el mundo le interesa lo que digan legisladores o funcionarios corruptos de Morena sobre la entrada de EU a Venezuela, donde millones de habitantes ya habían sido desplazados por la inseguridad y la violencia desde la administración de Hugo Chávez?
Los gobiernos de ese país acabaron desde hace mucho con las instituciones y los derechos humanos. Tienen una Corte y tribunales de justicia a modo; un órgano electoral bajo control y una prensa sometida por el yugo militar, sin ninguna libertad.
A lo mejor a la 4T le duele lo de Maduro porque en México están haciendo copy paste del modelo venezolano. Morena debería aclarar de una vez si está contra el fraude electoral, como en su momento dicen que les hizo Calderón, o defienden fraudes como los de los dictadores.
CENTAVITOS
Por cierto, en este concierto internacional qué tienen que hacer voces tan pequeñitas como las de los diputados locales de Morena, que llaman a rebelarse contra Estados Unidos. Si los morenos están tan indignados con EU, que quemen sus visas, se vayan a Venezuela a tomar las armas contra los invasores y no sólo se disfracen de palestinos para unas cuantas marchas en la CDMX. Aunque lo mejor sería que fueran prudentes, pues si cayó un dictador con un ejército de escoltas, qué les podría esperar a los simples mortales de la 4T, por mucho que se sientan impunes ante su evidente corrupción.
