Le esconden el banco a Cravioto

César Arnulfointentó ubicarse lo más alto que pudiera sobre el atril, quizá para sentirse por encima de todos.

“Ya me quitaron el banquito”, se quejó César Arnulfo Cravioto al comparecer ayer en Donceles.… bueno, que siempre sí me suba al banquito, dice Jesús (Sesma, presidente de la Mesa Directiva); ¿ya ven que sí se gobierna consultando al pueblo?”…

Si intentó hacerse el simpático durante su comparecencia ante los diputados capitalinos, pues vaya humor raro el del secretario de Gobierno de Clara Brugada, cuyos chistoretes no causaron la menor reacción.

Y es que cuando subió a tribuna para contestar las preguntas de los grupos parlamentarios, César Arnulfo intentó ubicarse lo más alto que pudiera sobre el atril, quizá para sentirse por encima de todos.

Algunos dicen que le afloró el complejo de inferioridad —lo cual no es descabellado—, pues más de un diputado o de alguno de los alcaldes que asistieron seguro le darían la vuelta fácilmente.

No es secreto que la mayoría piensa que Cravioto carece de habilidad y tablas para ocupar la silla en la que lo sentó Clara, ya que nunca ha destacado precisamente por ser brillante en los encargos recibidos.

Es el primer funcionario que comparece ante el Congreso para desahogar la glosa del informe que su jefa presentó el pasado 12 de octubre. Por ley, están obligados a comparecer los integrantes del gabinete.

Protegido por un dispositivo de  seguridad alrededor del Palacio de Donceles, Cravioto entró al salón repartiendo abrazos y besos, como si fuera “el Día del secretario de Gobierno”. Cuando le prestaron el micrófono se enredó tratando de explicar lo que ni Brugada había podido.  

Eso sí, se definió como un político que siempre busca acuerdos y que ha contribuido a la gobernabilidad de la capital; habría que preguntarle qué entiende por gobernabilidad.

Dijo que mienten quienes afirman que la capital sufre un franco deterioro, pues aquí se gobierna con humanismo, cercanía con la gente y con servicios públicos nunca antes vistos.

Aunque asistió la mayoría de alcaldes, a quienes llamó un día antes para que lo acompañaran —al menos los de Morena—, hubo quienes prefirieron trabajar, entre ellos Fernando Mercado, de La Magdalena Contreras; Mauricio Tabe, de Miguel Hidalgo, y Carlos Orvañanos, de Cuajimalpa.

Y la verdad hicieron bien en no perder el tiempo con ravioto, como le llamaron en tribuna las diputadas Claudia Neli Morales, del PVEM, y Leticia Haro, de la asociación parlamentaria Mujeres por el Comercio Feminista e Incluyente.

Porque lo más interesante de la comparecencia fue que le escondieron el banquito.

CENTAVITOS

Acostumbrada a subir todos los días a sus redes fotos de ella con personajes de la 4T, la diputada Gabriela Jiménez se quedó con las ganas de tener una con Omar Hamid García Harfuch, quien el lunes compareció ante los diputados. El secretario federal de Seguridad fue recibido como rockstar en San Lázaro, a donde acudió como parte de la glosa del primer informe de Claudia Sheinbaum, provocando jaloneos entre los morenistas para salir en la foto con él. Lo más curioso fue ver a Gabriela dando codazos a su compañera Jessica Saiden, que, como presidenta de la Comisión de Seguridad Ciudadana del Congreso, flaqueaba a Omar Hamid, junto con el coordinador Ricardo Monreal. A la hora de la foto, Jiménez se quiso colar, pero la yucateca la bateó; se fue a quejar con Monreal, quien sólo sonrió moviendo la cabeza ante la protesta. Al final, en lugar de una foto para su egotecaGabriela coleccionó una imagen viral tirando codazos y siendo rechazada de la foto.

Temas: