Habrá que seguir el color del dinero

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Mientras los capitalinos tienen que nadar entre sus encharcadas calles —pues su gobierno los quiere ajolotizar—, algunos proveedores nadan también… pero en dinero, gracias a las obras cosméticas que Clara Marina Brugada Molina ordenó para la capital del país.

Amén de lo tediosa que pueda resultar una ciudad monocromática, sería muy interesante que el propio gobierno dijera quién es el suertudo proveedor de los millones de galones de pintura que se han empleado.

Porque seguramente hubo una licitación pública para tan jugoso negocio, ¿cierto? Y las autoridades de Ajolotitlán no tendrán ningún reparo en dar a conocer quiénes son las empresas afortunadas, ¿verdad?

Los expertos calculan que, si es bien aprovechada, una cubeta de pintura de 20 litros cubre entre 10 y 12 metros cuadrados de superficie. Con una sola mano y sin contar el lijado, sellado ni el thinner y estopa, por ejemplo.

Además del material, habría que cotizar la mano de obra y los cientos de andamios, escaleras y grúas para llegar a toda la infraestructura urbana.

Cálculos conservadores estiman que para los metros que se necesitan cubrir, incluyendo personal y material, la ciudad debió gastar algo así como mil 500 millones de pesos, cantidad similar a los presupuestos de algunas alcaldías.

Debido a la descomunal cantidad de dinero, seguramente la oposición ya está pidiendo al gobierno que les clarifique cuánto gastó y a quién se lo pagó. Y que no les salgan con que la información será clasificada por cinco años por cuestiones de seguridad.

Además de lo plana que se ve la capital con un solo color, los especialistas señalan que el morado en guarniciones y puentes contraviene las normas de señalización y reduce la visibilidad nocturna, elevando el riesgo de accidentes.

A todo esto, de dónde habrá sacado Lady Ajolote que era mejor pintar toda la ciudad de púrpura, en lugar de eliminar los baches, desazolvar el drenaje, optimizar el Metro, aumentar la seguridad o dar mantenimiento a las redes de agua potable, por ejemplo.

¿Sabrá Clara Marina que los ajolotes son una especie en peligro de extinción y que si ajolotiza a los capitalinos los pondría en la misma categoría? ¿Prefiere que la recuerden como la gobernadora ajolota y no como la funcionaria que dio viabilidad a la capital?

Ni idea de cómo sacar del bache a la ciudad y mejor se inventa cosas como ésta, que desgraciadamente van más allá de una simple ocurrencia, pues le cuesta millones a los contribuyentes.

CENTAVITOS

Alessandra Rojo de la Vega se la volvió a hacer a la bancada anfibia, pues, a base de capotazos durante su comparecencia en Donceles, dejó a las diputadas guindas para el arrastre; ni banderillas hicieron falta. Se esperaba una cacería en contra de la alcaldesa de Cuauhtémoc y acabó con las diputadas de Morena acorraladas, si acaso con tibios intentos por incomodar su visita. Tan aburrida estuvo la sesión, que la nota se la llevó la diputada Iliana Sánchez, quien, como presidenta de la Comisión de Alcaldías, tenía la misión de dar la bienvenida a la alcaldesa, pero se voló todos los protocolos y decidió que el micrófono era suyo; se lanzó directa a la crítica. A pesar de que sus propios colegas le pidieron que se serenara, ella dijo que no y le siguió, trastabillando porque ni siquiera puede leer de corridito. Ése fue el detalle más llamativo de la que, se preveía, fuera una comparecencia de escándalo. Alessandra ya les tiene tomada la medida y los volvió a capotear.