Adrián, mal necesario para Clara

Aunque ella no lo pidió y en más de una ocasión se lo ha dejado claro, Clara Brugada tiene que sostener a Adrián Rubalcava como director general del Metro porque es una sugerencia de la presidenta Claudia Sheinbaum. Clara tardó en acatar y, cuando lo hizo, los rudos de ...

Aunque ella no lo pidió —y en más de una ocasión se lo ha dejado claro—, Clara Brugada tiene que sostener a Adrián Rubalcava como director general del Metro porque es una sugerencia de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Clara tardó en acatar y, cuando lo hizo, los rudos de su partido atacaron al exalcalde de Cuajimalpa, dizque por su pasado priista. Fue tan evidente la campaña a través del periódico del oficialismo, que sus columnistas, caricaturistas y editorialistas volaron en escuadrón para denostarlo.

Como si fueran gobierno, rechazaron el nombramiento de Adrián y exigieron su cabeza, aunque no sólo por haber sido priista, pues medio Morena lo ha sido. En realidad, la llegada de un nuevo director pone en peligro los millonarios contratos entre el Metro y sus empresarios consentidos.

Debido a que los ataques iban subiendo de tono, desde Palacio Nacional ordenaron a sus vecinos del antiguo Ayuntamiento que le pararan a su fiesta. Si bien los ataques se diluyeron, también se fue diluyendo la imagen pública de Rubalcava, pues como no es suyo, no existe.

Y ése fue un mal cálculo político de quienes le hablan al oído a Clara, pues, al aclararle que está ahí porque lo impuso la Presidenta, no porque la jefa lo quiera, le están otorgando su carta de liberación. O sea, su puesto no se lo debe a Brugada, sino a Claudia… y tan cerca 2027.

Creyeron que con tenerlo bloqueado administrativamente, pues el Consejo del organismo no es suyo, lo acabarían, pero entonces Adrián se sacó de la manga una jugada magistral: selló un convenio con el líder del Sindicato del Metro, Fernando Espino, para caminar juntos.

Firmaron un acuerdo para que los trabajadores tengan voz y voto en la adquisición de insumos para garantizar la operación del Metro, lo cual es un duro golpe para contratistas del régimen y sus socios al interior del gobierno.

Y es que nunca el SCT y el sindicato habían ido de la mano; eran enemigos. Ahora son aliados para la compra de insumos, gracias a la pésima operación de Clara que echó a uno a los brazos del otro.

Es el nacimiento de un monstruo, porque ni modo que Espino se vaya a dejar arrebatar el jugoso hueso. Seguro les diría: “Quien da y quita, con el diablo se desquita”, y como los trabajadores son los dueños del sistema, podrían convertirlo en un infierno.

En una sola maniobra, Rubalcava pasó de víctima a jugador importante, pues incluso si lo corrieran el precio que pagaría Clara sería altísimo, ya que tendría que quitarle el dulce u ofrecerle una canasta a Espino, a quien ningún gobierno ha podido derribar.

Probablemente buscarán al director del Metro, pero en otro tono. Le pedirán que descafeíne su acuerdo con Espino, a fin de no comprometer los compromisos del gobierno con empresarios que apoyaron el proyecto transformador en la capital, pero tendría que ser de buen modo.

Ni modo, lejos de debilitar a Adrián, Clara acabó fortaleciéndolo y hoy tendrá que asumirlo como un mal necesario en su gabinete.

  • CENTAVITOS

Vecinos de Álvaro Obregón, quienes se quejaban de que su alcalde se había puesto en modo Andy para irse a quitar lo extenuado a su ranchito de EU, dejándolos a su suerte durante las torrenciales lluvias, dicen que ya regresó al terruño, aunque un poco desorientado. Los chismosos —que nunca faltan— aseguran que Javier López Casarín bajó de su camioneta para ordenar la remisión de unos vendedores, pero que alguien le dijo al oído que esa calle pertenecía a otra alcaldía. ¡Ups!

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