Ciudadanos incrédulos
La onda expansiva de esta explosión puede alcanzar hasta a las cámaras de Diputados y de Senadores...
Hay acontecimientos que desnudan. Sin duda la explosión del 31 de enero deja ver perfectamente las fortalezas y miserias del nuevo gobierno. En momentos de emergencia, los ciudadanos necesitan ver la entereza, fortaleza y experiencia de los gobernantes. La conferencia de Emilio Lozoya, director de Pemex, nos mostró a un funcionario cansado, despeinado e iracundo ante la insistencia de los reporteros de posicionar la teoría del atentado.
Nos devolvió la tranquilidad el procurador General de la República, quien dejó hablar a quien verdaderamente tiene el pulso de las investigaciones, Alfredo Castillo, subprocurador de Control Regional, que mostró experiencia y solidez.
Independientemente de estas consideraciones en materia de comunicación del gobierno federal, lo importante es la pérdida de 36 vidas. Todo parece indicar que la explosión se debe a una falla en mantenimiento, que pudo tener su origen en el descuido de ductos y maquinaria. Este accidente se sumaría a una larga lista, desde San Juanico, el 19 de noviembre de 1984, con por lo menos 500 muertos según cifras oficiales; el 22 de abril de 1992 en Guadalajara, con la fuga de gasolina que se filtró al drenaje dejando 210 muertos; el 17 de octubre de 2006, cuando la explosión de un buque tanque que dejó ocho muertos; el 23 de octubre de 2007, cuando la colisión de dos plataformas marinas en el Golfo de México dejó 18 muertos, además de una gran fuga de crudo, hasta el 19 de diciembre de 2011, en que una fuga de combustible y explosión en San Martín Texmelucan que dejó 30 muertos, entre muchos otros.
Mientras estos sucesos dejan familias desoladas, hay una familia que vive de forma extraordinaria y paseando en aviones privados con todo y Boli, Keiko y Morgancita y, por supuesto, su ama Paulinita. La familia de Carlos Romero Deschamps, el líder de los trabajadores petroleros, que ahora cuenta con fuero gracias a la cobija protectora de su partido, que se vuelve cómplice de sus tropelías: no sólo de cómo nos embarra en la cara a los mexicanos su opulenta vida, sino de los enjuagues que lo ligan con contratos, precisamente para dar mantenimiento a diferentes áreas de la petrolera.
Espero que en esta ocasión y, dada la gravedad de los hechos, pueda servir de coyuntura para investigar a este personaje que nos regresa a los peores tiempos del dorado autoritarismo.
Algo que debe de preocuparnos es la total desconfianza de los ciudadanos hacia las autoridades. Desde el primer momento en que se dio a conocer esta terrible tragedia empezaron a surgir cualquier cantidad de teorías de la conspiración. Desde el atentado terrorista, pasando por la acción de algún agente del gobierno que quería destruir documentos comprometedores, hasta las calderas que explotaron, según Romero Deschamps (tan buen líder de trabajadores que no sabe que ahí no había calderas).
La pérdida de la confianza de los ciudadanos hacia un gobierno es algo que puede tomar tintes muy graves, pues no tiene que ver con colores partidistas. Recordemos hace algunas semanas el Lassiegate, en donde no hubo forma de que los capitalinos aceptaran la versión del ataque de los perros que acabaron con la vida de cinco personas. Lejos de la desconfianza, lejos de la incertidumbre, al no dar crédito a las versiones de la autoridad, los ciudadanos corremos graves riesgos en el caso de una emergencia de mayores proporciones en la cual la gente no haga eco de las recomendaciones oficiales. Esto es desgraciadamente el resultado de más de 80 años de mentiras y engaños.
Finalmente, me parece responsable la postura del gobierno federal de no adelantar ninguna conclusión hasta que finalicen los peritajes respectivos. Que, por cierto, y apoyando lo aquí escrito sobre la desconfianza social, ha anunciado que solicitó la ayuda de peritos extranjeros para despejar toda duda sobre los resultados.
La onda expansiva de esta explosión puede alcanzar hasta a las cámaras de Diputados y de Senadores, en donde en este periodo de sesiones se había planeado la discusión de la reforma energética. Siempre está latente la tentación de usar políticamente esta tragedia. Lo que es muy claro es la necesidad de apuntalar a la empresa que genera por lo menos 33% del ingreso del erario. Pero antes de cualquier reforma, sin necesidad de modificar la Constitución, Pemex puede ser salvado de la voracidad y corrupción de su líder sindical.
El Estribo.- El martes 5 de febrero, a las 10 de la mañana se llevará a cabo un homenaje a Jorge Carpizo en el auditorio Juan Ruiz de Alarcón, en donde los oradores serán Diego Valadés y Alfonso Navarrete Prida, merecido reconocimiento póstumo a uno de los mejores juristas del país que, por cierto, analizó el presidencialismo en México.
