23 días para el Fin del Mundo

La teoría de la erosión de los telómeros se refiere a que nuestra raza tiene una fecha de caducidad.

Una de las teorías más extrañas sobre el fin de la humanidad es la de la erosión de los telómeros.

Tiene que ver con los cromosomas y se refiere a que nuestra raza puede tener una fecha de caducidad.

Sí, como lo oye, podemos tener día de expiración como las latas de chícharos.

La palabra telómero significa punta final y se refiere al extremo de los cromosomas. Ahí se encuentran unos tapones protectores que estabilizan las estructuras que organizan nuestro ADN. Cada vez que una célula se divide no copia completamente los telómeros (estos tapones), así que a lo largo de la vida y a medida que nuestras células se multiplican, nuestros telómeros se acortan y acortan. Cuando pasa el tiempo, y están ya muy cortitos, empiezan a aparecer enfermedades como el cáncer o el alzheimer.

Pero el doctor Reinhard Stindl, del Instituto de Biología Médica de Viena, tiene una teoría adicional: que en los telómeros hay una diminuta, muy diminuta pérdida de longitud de generación a generación.

Así, durante miles de generaciones los telómeros se irán erosionando lentamente hasta quebrarse.

Stindl piensa que esto explicaría la desaparición de especies que aparentemente estaban bien adaptadas y que no pasaron por cambios climáticos extremos.

En resumen, nuestros cromosomas desgastados de generación en generación llegarían a caducar algún día.

Es como un apocalipsis genético donde el enemigo no vendría desde afuera, sino desde nuestro interior y simplemente iríamos muriendo dependiendo de las generaciones que nos antecedan.

El doctor Stindl dice que se aplica a varios animales y a nuestra especie, pues, según él, ésta es la explicación de la desaparición del hombre de Neanderthal.

La manera de retrasar este reloj o bomba de tiempo biológica no es menos escandalosa.

Según Stindl, si empezara la extinción por culpa del desgaste, los sobrevivientes necesitarían forzosamente recurrir al “inbreeding”, cruzándose entre parientes para alargar los telómeros. Método que él ya comprobó en el laboratorio, con animales, claro está, no con sus parientes.

Temas: