25 de noviembre
Cada vez existe mayor conciencia sobrelo que la violencia contra las mujeres significa: una amenaza a la democracia...
A menudo me preguntan si es posible poner fin a la violencia contra las mujeres dada la predominancia y persistencia de estos delitos. Mi respuesta es que sí. Es posible, pero solamente podemos lograrlo si nos unimos. Todas y todos somos responsables y ha llegado el momento de que se cumplan las promesas hechas a las mujeres.
Hoy, en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, llamo a las y los líderes del mundo a que asuman la responsabilidad de erradicar la violencia contra las mujeres y las niñas. Hemos invitado a cada uno de los presidentes y presidentas a unirse a nuestra iniciativa mundial, que va a ayudar a mostrar los compromisos nacionales asumidos en la materia.
Hemos conseguido un enorme avance: uniéndonos hemos logrado romper el silencio. Actualmente, al menos 125 países han legislado contra la violencia doméstica. Contamos con un acuerdo internacional que es la Plataforma de Acción de Beijing que nos permite avanzar como comunidad internacional hacia un destino común. Ya tenemos 187 países que han ratificado la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).
Contamos con el conocimiento sobre las causas que generan la violencia y cada vez más mujeres, hombres y jóvenes continúan movilizándose contra la violencia. Son muchas las organizaciones que trabajan para ayudar a las víctimas de violencia y a sus hijas e hijos, y en muchos países los encargados de formular políticas han adoptado acciones decisivas. Esto no es suficiente.
Aún debemos esforzarnos más para proteger a las mujeres y evitar que esta violación a los derechos humanos continúe. Es el momento para que los gobiernos conviertan las promesas internacionales en medidas concretas a nivel nacional.
Esperamos leyes nuevas y mejoradas y planes de acción nacional que incluyan centros de acogida, servicios de atención telefónica, asistencia médica y jurídica gratuita para las mujeres víctimas de violencia y sus hijos.
Necesitamos programas educativos que enseñen derechos humanos, igualdad y respeto mutuo, que sirvan de inspiración a las y los jóvenes para que asuman el liderazgo y combatan la violencia contra mujeres y niñas. Se debe incrementar el número de mujeres en la política, en los organismos encargados de hacer cumplir la ley y en las fuerzas de mantenimiento de la paz. Necesitamos también igualdad de oportunidades económicas y trabajos decentes para las mujeres. Y es indispensable la implementación real de los acuerdos y tratados.
Todas estas iniciativas requieren de un liderazgo valiente y decidido. En el próximo mes de marzo, líderes de gobiernos y de la sociedad civil se reunirán en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de las Naciones Unidas para acordar acciones preventivas que aborden efectivamente la violencia contra las mujeres. Las expectativas son altas. En algunos países, siete de cada diez mujeres son golpeadas, violadas, mutiladas o víctimas de abusos a lo largo de su vida. Una crisis de tales proporciones merece atención prioritaria de los líderes mundiales. La paz y el progreso no son posibles mientras las mujeres vivan con miedo a sufrir violencia.
Cada vez existe mayor conciencia sobre lo que la violencia contra las mujeres significa: una amenaza a la democracia, un obstáculo para conseguir la paz duradera, una carga en las economías nacionales y una violación atroz de los derechos humanos. A medida que más y más personas crean que la violencia contra las mujeres es inaceptable y evitable, a medida que más y más agresores reciben su castigo, el cambio para poner fin a la violencia contra las mujeres se hace más real.
Sí, es posible. Juntas y juntos podemos detener la violencia.
*Directora Ejecutiva de ONU Mujeres.
