Bardem, Javier Bardem

Llegó la más reciente entrega de las aventuras de James Bond y trae marcadas diferencias con respecto al tratamiento tradicional que se ha dado al personaje y a la saga en general. Skyfall Estados UnidosGran Bretaña 2012 es toda una reformulación de estos 50 años que ...

Llegó la más reciente entrega de las aventuras de James Bond y trae marcadas diferencias con respecto al tratamiento tradicional que se ha dado al personaje y a la saga en general. Skyfall (Estados Unidos-Gran Bretaña 2012) es toda una reformulación de estos 50 años que se iniciaron en 1962 con El Satánico Doctor No.

Cuando se anunció al actor Daniel Craig como el heredero del personaje que dejara Pierce Brosnan —por cierto un buen James Bond—, expresé mi escepticismo en cuanto a la capacidad del rubio actor para ponerse en los zapatos del 007 de manera convincente. Su tipo físico, más bien rudo y poco sofisticado no me parecían los idóneos para ser el agente secreto. Hoy en su tercera película después de Casino Royale de 2006 y Quantum of Solace de 2008, parece que Daniel Craig, de 44 años, encontró el traje hecho a su medida firmando, además para otras dos películas de la saga.

Skyfall está contada desde la perspectiva de hacer una especie de homenaje al personaje de James Bond. Recupera algunos detalles del pasado (como el Aston Martin), le hace guiños a aspectos muy sesenteros y setenteros, pero aporta una profundidad inusitada en el análisis del protagonista que no se había visto en otras cintas de la saga.

Sin duda para dar esta exploración casi sicoanalítica de Bond resultó una excelente decisión poner al director Sam Mendes (American Beauty; Road to Perdition; Revolutionary Road, Away we go) al frente del proyecto. Su capacidad demostrada para los relatos intimistas, humanos y complejos le permite construir junto a los guionistas Neal Purvis (que ya había escrito para otras películas de James Bond), Robert Wade y John Logan, una reflexión del lado humano del 007, de su pasado, de su inserción en la nueva forma de hacer la guerra, de su viabilidad como agente secreto, pero sobre todo de su relación con M, interpretada por la enorme actriz británica Judy Dench en lo que también es todo un reconocimiento para ella y la férrea M como una enorme figura materna, la tutora orgullosa del 007, su agente más logrado.

Después de 23 películas y 50 años de Bond en el cine parecería que todo estaba dicho, pero Skyfall reafirma a un personaje que ha acompañado ya a tres generaciones y además anuncia que todavía tenemos aventuras de la leyenda 007 para rato.

También es un regreso a suelo británico. A diferencia de casi todas las películas de la saga que se mueven en importantes ciudades de todo el mundo, la mayor parte de la acción sucede en Londres —otro homenaje más— y enaltece valores muy ingleses e incluso se permite la pregunta de si un agente secreto surgido de las filas de las agencias de inteligencia de la ya lejana Guerra Fría, se puede hacer anacrónico o caer en desuso, ante los impresionantes adelantos en la tecnología y las comunicaciones del siglo XXI.

Lo mejor:

El villano, aspecto fundamental en la azarosa vida de James Bond, está encarnado en Skyfall por el español Javier Bardem que interpreta a Silva con excesos, una buena dosis de perversidad y un malévolo, pero inteligente sentido del humor. Con sólo unos minutos en la escena en que confronta a Bond provoca un crecimiento en el propio Craig que no cae en el juego intimidatorio con insinuación homosexual incluida —con Bardem cualquiera se intimidaría—; una secuencia muy bien dirigida y actuada que revela los demonios del pasado en ambos personajes.

Completan el reparto dos columnas de la escena británica de dos generaciones: Ralph Fiennes, el nuevo Presidente del Comité de Inteligencia y Seguridad que, aunque con un bajo perfil en esta entrega, tendrá más presencia en las futuras cintas a estrenarse en 2014 y 2015, y Albert Finney sólido y convincente como siempre a sus 76 años.

¿Las chicas Bond? Son un bonito adorno secundario, pero la acción, las persecuciones y el suspenso brillan en la mejor tradición bondiana.

Muy recomendable. 9/10.

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