La “nota”

Para Emilio Hernández, periodista, in memoriam.La semana que empieza mañana lunes estará marcada por la elección del próximo martes en Estados Unidos. La atención será, como desde hace muchas décadas, global. Hay que explicarles a algunos que cuando no existía ...

Para Emilio Hernández, periodista, in memoriam.

La semana que empieza mañana lunes estará marcada por la elección del próximo martes en Estados Unidos. La atención será, como desde hace muchas décadas, global. Hay que explicarles a algunos que cuando no existía internet ni redes sociales, ese proceso electoral tenía igual importancia. Simple: se elige al Presidente del país más poderoso del mundo.

Se cree, se supone, se dice, se analiza que para México es más importante todavía que para el resto de los países por su vecindad geográfica y los problemas comunes que ella crea, aunque ni siquiera se mencionen en los debates de los aspirantes de los partidos Demócrata y Republicano.

Esta vez también hay ingredientes de los que se habla poco que hacen a esta elección especial.

Desde luego, buena parte de la atención mundial estará concentrada en si Barack Obama es capaz de retener la Presidencia que con enormes expectativas ganó en 2008. Si lo logra, en términos periodísticos, no habrá mucha nota, puesto que es habitual en Estados Unidos que los mandatarios en el poder sean reelegidos para un segundo mandato, como suele ocurrir en muchos otros países que cuentan con esa figura.

Por ello, suena mucho más noticiosa y divertida la probabilidad de que el republicano Mitt Romney consiga su ascenso a la Casa Blanca. Las encuestas lo dan casi empatado con el presidente Obama en el voto popular, aunque con ligera desventaja si se considera el voto por estados, ambos, partes del complejo sistema electoral estadunidense. Ahí, el mandatario demócrata contaría en este momento con mayor posibilidad de obtener el número mínimo de delegados para el Colegio Electoral que decidirá la elección final. Sin embargo, todo puede ocurrir, porque su ventaja está aún en los márgenes de error en estados como Florida y Ohio, considerados clave en esta contienda y otras anteriores.

Así, no tiene mucho atractivo periodístico comentar una probable reelección de Obama, a cuya candidatura ya se adhirieron varios de los principales medios estadunidenses e incluso connotados conservadores como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, y el ex secretario de Estado en la era Bush, Colin Powell. En cambio, si gana Romney, sería un triunfo logrado a contracorriente que, si no fuera porque abandera al Partido Republicano (poco popular entre las mentes políticamente correctas), podría ser considerado como heroico.

De entrada, tuvo la virtud de la perseverancia, pues ya había sido derrotado en el proceso interno de 2008 por el senador de Arizona, John McCain. Para esta contienda se apuntó en lo que fue un accidentado proceso interno al que no quisieron inscribirse otras figuras relevantes como Jeb Bush o la ex candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin. Quien parecía ser su rival a vencer, el gobernador de Texas, Rick Perry, famoso por crear empleo en época de recesión, fue víctima de su propia incompetencia como candidato.

Romney tuvo muchas dificultades para convencer al sector más conservador de su partido, lo que hizo que perdiera algunas primarias importantes frente a Rick Santorum. Al final, logró aglutinar a la mayoría de los republicanos en torno al objetivo común de impedir un segundo mandato de Obama.

La encomienda no era fácil, puesto que buena parte de los agobios económicos que sufre el vecino país fueron herencia de su correligionario George W. Bush. Aun así, pudo armar un discurso personal coherente en torno al manejo de la economía, que fue fundamental para derrotar a Obama en el primero de sus tres debates presidenciales. Esa noche ahora puede considerarse como pieza clave en las aspiraciones de Romney, pues ahí pudo sacudirse varios puntos negativos que pesaban sobre su campaña, en particular un par de polémicas sobre el aborto que protagonizaron dos candidatos al Congreso, y sobre todo la revelación de un video en el que muestra cómo, durante una cena de recaudación de fondos, dijo que no le importaba el 47 por ciento de la población que recibe ayudas del gobierno, en clara alusión a los simpatizantes del demócrata.

Romney no es popular en redes sociales ni puede presumir los millones de seguidores que tiene Obama en Twitter, red social en la que miles frecuentemente se burlaban de varias propuestas de su campaña, como su pretensión de terminar con el subsidio a la cadena PBS, que transmite Plaza Sésamo. Sin embargo, es claro que representa una opción para millones de ciudadanos estadunidenses reales que no quedaron conformes con el carisma de un Presidente que vendió muchas más expectativas de lo que realmente podía y ha podido lograr.

Ya sabremos el próximo martes si Romney logra la hazaña, la “nota”, decimos en los periódicos. Después de todo, al menos hasta ahora su caso es parecido al de otro republicano empeñoso que se levantó de dos internas en las que fue derrotado para finalmente alcanzar la Presidencia y un lugar de relieve en la historia de su país, derrotando a otro prometedor demócrata (Jimmy Carter)  que sólo duró un periodo. Su nombre es Ronald Reagan.

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