¿Dónde está el oro?

Estamos viendo campañas que hablan mucho de más gasto asistencial, regidas por la máxima

Hoy voy a dar un giro importante a la temática de la columna. Voy a analizar aspectos económicos de las propuestas de campaña. Empiezo por aclarar que de política sé muy poco, pero de economía entiendo más.

Cada uno de los programas tiene características particulares que reflejan la manera de pensar y las visiones de los candidatos. Sin embargo, creo que podemos encontrar ciertas características comunes:

1.- Todos tienen la fórmula mágica para hacer crecer la economía de manera consistente a una tasa que no hemos visto durante décadas.

2.- Todos van a concretar reformas que los anteriores no pudieron lograr.

3.- Y todos proponen tener un gobierno más asistencialista, es decir, que sólo con gasto público podrán corregir algunos de los problemas estructurales del país, como el de la pobreza.

Primero, me llama la atención que todos creen que con un gobierno eficiente en redistribuir y proteger al más desfavorecido nos van a sacar de donde estamos. Los programas sociales que plantean pueden parecer muy buenos, pero simplemente están comprando votos. No crean riqueza, pero sí contingencias presupuestales.

Están buscando que la población diga: yo voto por este candidato, ya que me va a dar seguridad social universal o va a eliminar la pobreza alimentaria. Algunos harán cuentas del beneficio personal de las diferentes propuestas.

Durante la última década hemos visto cómo el tamaño del gobierno en sus tres niveles ha crecido. De representar en 2000 el gasto público 17% del PIB, pasó a ser 25 por ciento.

Un avance de esta magnitud en la década no ha dado el impulso que la economía necesitaba ni ha sido el camino para resolver el problema de pobreza del país.

Les planteo la siguiente pregunta: ¿por qué cinco por ciento adicional del PIB en gasto gubernamental sí va a hacer la diferencia que ocho por ciento  no hizo? Más gobierno no necesariamente es bueno.

Pasemos al tema del financiamiento. Supongamos que llega diciembre y anuncian que van a hacer lo que prometieron. ¿De dónde va a salir el dinero?

Retomemos el ejemplo del cinco por ciento del PIB. ¿Acaso el gobierno entrante lo va a poder sacar de ahorros? Quizá pueda haber algunas economías, pero no para hacer lo que se pretende. Basta recordar que las dos últimas administraciones, cuando entraron, se dieron cuenta de que el margen de maniobra para modificar el presupuesto es reducido. Esto por los compromisos que se tienen y porque los ahorros potenciales no son tan grandes.

¿Con reducción de corrupción? Desgraciadamente esto no se arregla por decreto.

O qué va a pasar con los que dicen que van a aumentar impuestos. En sus documentos argumentan que los otros no supieron operar las reformas y que ellos sí lo sabrán.

No sé qué opinen, pero el slogan de Fox de “La reforma fiscal redistributiva” conceptualmente era bueno, pero no pasó de primera base por los intereses y dogmas que existían.

Me pregunto si el nuevo equipo de gobierno va a tener la capacidad de imponerse a los grupos de interés y eliminar los regímenes especiales de tributación. Lo veo complicado.

Si le damos baja probabilidad al escenario de recursos fiscales adicionales, ¿qué queda? Uno, seguir adelante con la agenda de gasto y endeudar al país. ¡Qué miedo!

Dos, llegar al poder y actuar con responsabilidad fiscal, provocando más desencanto de la población con la clase política por las promesas no cumplidas. Será interesante ver qué sucede.

En resumen, estamos viendo campañas que hablan mucho de más gasto asistencial, regidas por la máxima “prometer no empobrece, pero puede atraer el voto”. En vez de decir en qué van a gastar, deberían hablar y convencer de lo que van a hacer para que México sea una nación más próspera.

*Director general del Fundef

guillermo.zamarripa@itam.com

Temas: