La despedida

Mi estancia en Excélsior ha concluido. En la vida se abren y se cierran ciclos, por lo que mi presencia en estas páginas no podía escapar a dicha sentencia. Desde aquí, desde esta plataforma periodística, he tratado de combatir, sobre todo, la corrupción, ese cáncer ...

Mi estancia en Excélsior ha concluido. En la vida se abren y se cierran ciclos, por lo que mi presencia en estas páginas no podía escapar a dicha sentencia. Desde aquí, desde esta plataforma periodística, he tratado de combatir, sobre todo, la corrupción, ese cáncer feroz que nos consume por los cuatro costados en sus más diversas formas y manifestaciones, echando mano de mi imaginación y coraje, disponiendo de toda la tinta a mi alcance y del último aliento de pasión existente en mi interior, un ingrediente indispensable en la construcción de cualquier proyecto y actividad personal.

Saberme inaccesible a la más robusta de las carteras, tengan éstas el origen que tengan; saberme libre de cualquier chantaje; saberme intocable a cualquier censura que pudiera agredir mis principios éticos o impedir la divulgación de mis ideas, han sido constantes en mi actividad profesional a lo largo de los años en que he publicado más de tres mil columnas en diarios nacionales y extranjeros. Pienso continuar por esa línea hasta el final de mis días en el entendido de que en el momento mismo en que yo me falte el respeto que me debo habré perdido toda la fuerza, la energía y la autenticidad con las que me he conducido durante mi desarrollo como escritor y columnista. Nadie que cuente con la más elemental vertebración moral podría señalarme ni con el dedo meñique algún desvarío en mis principios. He ahí la fuente de mi orgullo y el origen de mi fortaleza profesional.

De aquí, desde estas páginas editoriales, expuse que el supuesto “Honorable  Congreso de la Unión” no es honorable porque ha traicionado a la misma patria, ni es Congreso porque no representa a la nación, sino a sus gerifaltes, unos más cínicos que los otros, ni es de la Unión porque sólo tienen cabida los partidos políticos. El sólo hecho de que en 12 años no se hayan podido ejecutar las reformas estructurales que el país demanda de la misma manera en que un moribundo suplica la colocación de una mascarilla de oxígeno, y que, en cambio, por ejemplo, en tan sólo 90 días se haya modificado la Constitución para satisfacer a los intereses clericales, representa una evidencia incontestable no sólo en el sentido de que la República volverá a ser gobernada desde los altares, con todas las consecuencias que la historia ya nos ha enseñado, sino que evidencia la magnitud de los intereses inconfesables que prevalecen en la máxima asamblea mexicana. Hemos ignorado las grandes lecciones de nuestros abuelos y fue traicionada la carísima tradición liberal mexicana a cambio de sobornos o de deleznables cargos públicos... Se encuentra en el poder una de las generaciones de legisladores mexicanos más despreciables y venales de nuestra historia.

Dejé en claro que todos los mexicanos nos apellidamos Gordillo, sí, sí, Gordillo, en la misma medida que continuemos permitiendo el secuestro de la educación en México por una pandilla de líderes sindicales que han comprometido y comprometen el futuro de nuestros hijos, lo más preciado de nuestra sociedad. ¿Qué futuro nos espera o qué presente ya nos acosa, si 52% de los niños que asisten a la escuela la abandona antes de terminar la primaria y sólo 2% de los estudiantes llega a contar con un título profesional? La mayoría de los niños de secundaria no saben explicar lo que leen ni pueden ejecutar las operaciones aritméticas más elementales, lo anterior sin compararlos con los hijos de nuestros socios del TLC, sólo para demostrar que somos y seremos empleados y no socios de las potencias de América del Norte.

Desde estas páginas he denunciado al clero voraz y podrido que viste ropajes bordados en oro y plata —distintos a la humilde túnica y a las sandalias utilizadas por Jesús—, ostenta cruces pectorales y anillos pastorales con los que se podrían construir cientos de escuelas o ayudar a miles de niños desamparados; he exigido que la alta jerarquía católica detentadora de una gran riqueza, pague impuestos como todo ciudadano en todo aquello que no sea la materialización de obras filantrópicas, mismas que debe exhibir públicamente, o de lo contrario, abstenerse de utilizar los servicios públicos para impedir seguir siendo etiquetados como parásitos sociales desde que no ayudan al financiamiento del presupuesto como todos los mexicanos. ¡Qué diferencia de los sacerdotes que con una sotana de manta y unos huaraches se perdían en la sierra para divulgar el Evangelio! Es la hora de acabar con el fuero tributario y judicial de los que disfrutan indebidamente y obligarlos a cumplir no sólo con sus votos de pobreza, sino sentarlos en el banquillo de los acusados de cargos de pederastia, entre otros más...

Expuse mi grave preocupación porque el 1 de julio el electorado vote por el “menos malo” de los aspirantes a la Presidencia de la República. ¡Cuánta miseria política! ¿Dónde se encuentra el estadista mexicano con las luces necesarias para construir el México del futuro que no viva de las remesas enviadas por los muertos de hambre que huyeron de México en busca de una mejor vida que la patria no podía proporcionarles ni que dependa de los veneros de petróleo que nos escrituró el diablo? Ahí están los 50 millones de mexicanos sepultados en la miseria, 50 millones de bombas de tiempo que puede detonar cualquier líder populista para volver a convertir a México en astillas.

¡Por supuesto que seguiré luchando por la construcción de un México mejor!

        *Escritor

            fmartinmoreno@yahoo.com

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