Las recetas del basurero

¿Quién sufre una terquedad absolutamente dogmática en torno a los principios capitalistas, aquellos que estimulan la generación de utilidades, aun cuando éstas constituyan el principio de un fisco fuerte y que un fisco fuerte represente uno de los fundamentos de la ...

¿Quién sufre una terquedad absolutamente dogmática en torno a los principios capitalistas, aquellos que estimulan la generación de utilidades, aun cuando éstas constituyan el principio de un fisco fuerte y que un fisco fuerte represente uno de los fundamentos de la prosperidad de las naciones? ¿Quién aduce que los principios capitalistas no son imperativos para la creación de empleos, para la generación de fuentes de riqueza y para provocar el ahorro interno, indispensable para el financiamiento del desarrollo? ¿Quién defiende a ultranza el surgimiento y mantenimiento de empresas paraestatales —como la petroquímica básica— cuando de lejos sabe o al menos debe saber, que el gobierno ha sido un pésimo administrador de la riqueza pública y que por ineficiencia o corrupción o ambas, ha dilapidado o tolerado la desviación o desperdicio de los recursos públicos? ¿Quién insiste obcecadamente en imponer corrientes económicas caducas, cuando de sobra sabe que su aplicación supone una agresión frontal a la democracia que nace? ¿Quién defiende a la democracia en discursos electorales y en la práctica la ataca a través de la instrumentación de principios económicos que tarde o temprano acabarán con las esperanzas de los marginados y los incendiarán para volver a incendiar el país?

¿Quién puede ignorar a estas alturas que cuando el gobierno estatiza a una empresa y crea un monopolio arruina a empresa y sociedad no sin antes crear un nuevo foco de corrupción? ¿Cómo olvidar que la elefantiasis estatal es el mejor medio para alentar la corrupción y la descomposición moral de la sociedad y, sin embargo, a pesar de no ignorar esta receta para alcanzar eficientemente el fracaso, todavía tratan de venderla en los acarreos electorales? ¿Quién vincula a las “empresas estratégicas” con el honor nacional y se niega a su privatización cueste lo que cueste aun cuando los escasos ahorros de los mexicanos tan necesarios para educar o curar se vayan por el alcantarillado? ¿Quién sufre de una parálisis intelectual tan desarrollada que le impide ver, oír, recordar, aprender y sueña, promete y asegura como si la realidad no existiera..?

La izquierda retrógrada y obnubilada diferente a la de Lula o la de Bachelet o la de Felipe González, insiste en buscar las culpas y las responsabilidades afuera y no adentro, es decir, buscarlas en las fuerzas del mercado, en la libre competencia, en los términos de intercambio, en el capitalismo explotador de conciencias y de hombres, en el TLC y no busca los orígenes innegables del atraso en el escandaloso fracaso educativo de México ni en el resentimiento atávico de quienes, postrados en la ignorancia, suspiran por tener una mejor calidad de vida recurriendo al robo, al secuestro o al asalto a mano armada. La izquierda fanática condena a los empresarios, a pesar de que éstos son los únicos capaces de crear la justicia social tan anhelada desde los años aciagos de la revolución. ¿Por qué la palabra ganancia está excluida del léxico de aquella y quien la utiliza está condenado al fuego eterno? ¿Cómo se puede hablar con alguien del diseño del México del futuro, cuando niega las ventajas de la modernidad, léase la globalización y la economía neoliberal con rostro humano?

La sociedad paga impuestos para contar con seguridad  pública y la delincuencia azota sin piedad ni tregua a nuestras ciudades. Paga impuestos para respirar un aire limpio y, sin embargo, se repiten las contingencias ambientales y la fibrosis pulmonar no deja de ser una amenaza contra las cuales tampoco ha podido la autoridad. Se pagan impuestos para contar con higiene en la alimentación pública mientras las calles se llenan de puestos ambulantes que venden productos que envenenan e intoxican, cuando no matan a la ciudadanía. La pérdida de controles es una temeridad, pero la izquierda ciega insiste en el fortalecimiento del gobierno, en el Estado obeso, inútil, torpe, ineficiente y corrupto. ¡Qué maravilla sería la existencia de un Estado esbelto que buscara la máxima eficiencia a través de la privatización de una mayoría de servicios públicos! ¿No paga la sociedad impuesto predial y las colonias se inundan por falta de drenajes y alcantarillado? ¿No paga la sociedad un derecho de agua y carece de agua? ¿Más gobierno o menos gobierno? ¿Más gobierno a pesar de esta patética realidad?

¿Cómo facilitar el acceso al poder a sujetos especializados en tratar de convencer con ideas caducas del bote de la basura? ¿Cómo facilitar el arribo a la Presidencia a sujetos que levantan en público la mano a líderes sindicales podridos que se han sumado a la asfixia financiera del gobierno y todavía piensan disimuladamente en la dictadura del proletariado a pesar de sus fatales consecuencias?

Por si fuera poco una Iglesia católica que sostiene que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que ingrese un rico al reino de los cielos, converge al final con estos fanáticos que rechazan igualmente la creación de la riqueza y todas sus ventajas sociales, culturales, económicas y políticas. ¿A dónde vamos? Este país está urgido de todo tipo de ganancias lícitas. ¿Por qué no facilitar su acceso?

        *Escritor

        fmartinmoreno@yahoo.com  

            Twitter: @fmartinmoreno

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