¿Quién ganará las elecciones?
Es tan severa la miseria de la clase política de nuestros días que una buena parte del electorado ha venido sosteniendo que el próximo 1 de julio habrá de votar por el “menos malo” de todos los candidatos. ¡Horror! ¿Lo anterior supone la ausencia de estructura ...
Es tan severa la miseria de la clase política de nuestros días que una buena parte del electorado ha venido sosteniendo que el próximo 1 de julio habrá de votar por el “menos malo” de todos los candidatos. ¡Horror! ¿Lo anterior supone la ausencia de estructura ética de los votantes o, tal vez, la falta de aspirantes carismáticos, magnéticos, seductores profesionales, políticos de carrera bien vertebrados, estructurados académicamente, auténticos expertos y conocedores de los suyos, en fin, estadistas dotados de una clara visión del futuro llamados a gobernar un país poblado por 112 millones de mexicanos insertos en un mundo globalizado en pleno siglo XXI?
A título personal estoy convencido de que las próximas elecciones presidenciales no las ganará, de ninguna manera, el “menos malo”, sino quien haya demostrado a lo largo de su carrera política haber observado una conducta honorable y respetuosa en su respectivo ejercicio de la administración pública y en la creación de un patrimonio personal producto estrictamente de un sueldo burocrático. Me explico en términos eufemísticos: ahora que está por estallar la así llamada “guerra sucia”, en realidad guerra limpia porque beneficia a toda la ciudadanía, en la misma medida en que habrán de esculcarse públicamente los bolsillos de los candidatos a la Presidencia de la República, de donde saldrán a relucir los manejos inescrupulosos y desaseados de los contendientes, en el caso de que éstos se hayan dado, con lo cual se exhibirán sus principios morales y éticos, o bien, la ausencia de ellos. Es evidente que la carrera por la Presidencia de la República habrá de ganarla quien resista una auténtica catarata de “ocho columnas” en los periódicos exhibiendo, en su caso, el patrimonio mal habido, fotos de señoras residencias (al estilo de Montiel) en la Riviera Maya, en el Pacífico Mexicano o allende las fronteras. Habrá de ganar aquel candidato al que no le puedan publicar cuentas de cheques en el extranjero de siete dígitos o más ni casos comprobados de enriquecimiento inexplicable o mejor dicho enriquecimiento perfectamente explicable...
Discrepo de quien piense que ganará “el menos malo”. Arturo Montiel fue destruido políticamente cuando publicaron en los diarios de la nación el sorprendente y no menos execrable acaparamiento de bienes hurtados flagrantemente del tesoro público de los mexiquenses. Ni Montiel ni su partido resistieron el escandaloso embate de la prensa que lo pulverizó al hacer del dominio público sus residencias en México y en el extranjero, además de otros bienes sustraídos ilícitamente del patrimonio de sus paisanos y gobernados del Estado de México. Cabe recordar que Montiel fue exonerado de toda responsabilidad penal por su sucesor, Enrique Peña Nieto. Pero hay más, mucho más: ahí estuvo también el caso de Humberto Moreira, quien igualmente desfalcó al estado de Coahuila y que las revelaciones de su conducta delictiva lo obligaron a renunciar, nada menos, que como presidente del PRI. Es evidente que Moreira se convirtió en un auténtico impresentable ante la opinión pública. Su carrera política evidentemente acabó cuando la prensa demostró sus embustes, trampas, desfalcos y peculados.
Pues bien, lo mismo acontecerá con los tres actuales candidatos presidenciales. Se trata de ver cuál de los tres resiste el vendaval de la prensa que, sin duda, habrá de presentarse en los próximos 90 días. ¿Quién se derrumbará primero en el evento de que se expongan repentinamente todos sus “trapitos al sol”..”? Otro sí digo, como dicen los abogados, va en el sentido de que quien opera las marionetas entre las candilejas, o sea el presidente Calderón, no pueda ser acusado, a su vez, de una conducta irregular en el sentido antes expuesto porque entonces sí, las consecuencias serían impredecibles. Tengo al presidente Calderón por un jefe del Ejecutivo moderno que, hasta donde yo sé, no observó las tendencias delictivas de la mayor parte de sus antecesores en el cargo. Nada parece indicar que se haya enriquecido en el cargo ni que su gabinete vaya a pasar a la historia como el Ali Babá y los Cuarenta Ladrones de Miguel Alemán, entre tantos otros más. De ser falso mi anterior razonamiento, entonces sí que la patria se lo demande, con lo cual dañaría gravemente la campaña de la candidata panista al extremo de poder llegar a provocar una volcadura política electoral impredecible.
¿Qué otros factores pueden ayudar a la señora Vázquez Mota? Que Calderón no sólo filtre cuidadosamente en la prensa las evidencias de enriquecimiento inexplicable de los opositores de Josefina, sino que logre decapitar de un solo tajo a la siniestra líder del sindicato de maestros, además del arresto del Chapo Guzmán y el encarcelamiento de un par de ex gobernadores priistas y perredistas, entre otros objetivos políticos adicionales. No puedo imaginar el descanso de Calderón a partir del 1 de diciembre de 2012 sobre la base de haber dejado en el cargo a la presunta maestra Gordillo ni libre al principal narco del mundo que liberó sospechosamente Fox durante una negociación tan estúpida como inconfesable e imperdonable. Veo a un Calderón festejando con Obama el arresto del Chapo y también veo llegar a Los Pinos al candidato(a) que haya resistido con una sonrisa sardónica el momento en que le esculcaron los bolsillos ante la opinión pública...
*Escritor
Twitter: @fmartinmoreno
