Hagan sus apuestas, señores

Cuando Felipe Calderón protestó “guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de ...

Cuando Felipe Calderón protestó “guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”, adquirió un compromiso ante México y los otros dos Poderes de la Unión en el sentido de conducir su administración con estricto apego a la legalidad. En lo que hace al sometimiento incondicional a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, Calderón incumplió su promesa constitucional desde que se atrevió, meses atrás, a asistir a una misa pública en la Catedral Metropolitana.

La apuesta a la que se refiere el encabezado del presente artículo consiste en predecir si Calderón volverá a violar dicha ley y a ignorar su juramento constitucional ante los Poderes de la Unión, al asistir a la misa magna que cantará el papa Ratzinger en Guanajuato. Es evidente que Calderón tendrá que recibir a Ratzinger como lo haría con cualquier otro jefe de Estado del mundo, sin embargo, cuando el supuesto santo pontífice cante la misa en su calidad de jefe de la Iglesia católica Calderón, así como otros tantos funcionarios públicos, deberá abstenerse de concurrir a dicho evento salvo que también estén dispuestos a ignorar impunemente los dispositivos legales votados en el Congreso de la Unión para regular la convivencia civilizada entre todos los mexicanos.

Los candidatos presidenciales no incurrirán en irregularidad alguna al no ser funcionarios públicos y por lo mismo no tendrán limitación alguna para concurrir a la misa, sean o no creyentes ni fieles de la Iglesia católica. ¿Pero así es como demostrarán su respeto al Estado laico?

El jefe del Estado Mexicano puede violar la Constitución y las leyes que de ella emanan sin sufrir consecuencia alguna a diferencia de cualquier ciudadano de a pie que llegara a incurrir en alguna irregularidad o cometiera un delito.  ¿En qué fuero cree apoyarse Calderón para desconocer la ley en el entendido de que ningún tribunal se lo reclamará ni ningún Ministerio Público lo convocará ni mucho menos la nación se lo demandará?

Tal vez valdría la pena modificar la Constitución de modo que si el propio Presidente en turno incumpliera con la ley y olvidara su juramento constitucional no sea la nación quien se lo demande porque, por lo visto, ésta está sorda, ciega y muda, sino que sea el Poder Judicial de la Federación el encargado de hacer respetar las leyes dictadas por el Congreso de la Unión. ¿Cómo que la nación habría de demandárselo si carece de facultades legales? No, señores, no: que se lo demande el Ministerio Público Federal iniciando un juicio político en su contra que pueda llegar a tener como consecuencia la separación del cargo. Sólo que, como bien decía mi querido tocayo, Mario Moreno Cantinflas, cuando me escuchaba desesperado por la eterna parálisis mexicana y por la impunidad desbridada, mira tocayito querido: En México nunca pasa nada, hasta que pasa y cuando pasa, todos decimos, pos claro, tenía que pasar…

Ningún mejor regalo para el papa Ratzinger que obsequiarle una modificación de la Constitución Mexicana, como lo es la relativa al artículo 24 orientada, claro está, a dar marcha atrás a las ensangrentadas manecillas de la historia de México de modo que la educación que imparta el Estado sea religiosa, o sea católica, derogando con ello más de un siglo de esfuerzos liberales para impedir que la República vuelva a ser gobernada desde los altares con todo el daño político, social, cultural, económico y educativo que todo esto implica.

Priistas, panistas y perredistas se aliaron en los últimos meses para apuñalar a la República por la espalda y modificar la Constitución no sólo para provocar una sonrisa en el supuesto pontífice, sino para incrementar sensiblemente los ingresos inconfesables de la Iglesia católica que en los últimos años ha comprobado con horror el desplome de las limosnas y otros ingresos, por los cuales no causa impuestos, así como por el escandaloso reclutamiento de sacerdotes y monjas que prefieren vivir la vida antes de padecer los horrores de la existencia conventual.

Así las cosas, si los templos se están vaciando a falta de sacerdotes, las urnas de doble fondo del clero ya no registran la recaudación de años atrás y si los fieles dejan de asistir masivamente a los templos, entonces era conveniente atacar a los creyentes en la calle para llevarlos de las orejas a los templos para reiniciar el ciclo económico de la Iglesia consistente en el bautismo, la primera comunión, la confirmación, los 15 años, las bendiciones a las empresas y los consultorios, hasta el matrimonio religioso para llegar a la extremaunción, servicios que evidentemente tienen un costo ciertamente elevado del que la alta jerarquía católica no puede prescindir ni asistir apática al único móvil que le preocupa: el acaparamiento de dinero y de riqueza.

De modo que, querido lector: Si estás conforme con hacer una apuesta juguémonos unos centavitos a que Calderón asistirá a la misa del Papa y que violará otra vez su juramento constitucional e ignorará de nueva cuenta la Ley de Asociaciones Religiosas…

        *Escritor

        fmartinmoreno@yahoo.com.mx

            Twitter: @fmartinmoreno

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